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Errores comunes

Ahí está el detalle.

Cantinflas

Muchas veces me pierdo en mis pensamientos, un objeto cotidiano puede desatar un torrente de imágenes, datos y sensaciones de origen impreciso. Algún momento de mi historia.

Justo hoy estoy lidiando con un problema tecnológico en el que no puedo meter las manos, entonces recuerdo las numerosas noches armando computadoras e instalando el software. En diversas ocasiones me enfrentaba a algún error, algo que me impedía continuar, quizá la madrugada me hacía pensar que era algo más difícil. Algunas veces me sentía confuso e inseguro, pensaba que no podría resolverlo, la mayoría de las veces la solución era muy simple, apenas un detalle olvidado, no era del grado de olvidar conectar el cable, pero algo muy cercano.

Lo único que necesitaba entonces era una señal de esperanza, una palabra amable, una palmada en la espalda, un voto de confianza. Y es lo único que sigo necesitando ahora.

Lo más difícil para mí es ver lo que tengo frente a mis ojos, es serenar la tormenta que cotidianamente se gesta en mi mente, pensando en una serie infinita de combinaciones posibles sin considerar lo más simple a la mano.

Cerrar los ojos y confiar en que lo puedo resolver, siempre he podido, pero algunas veces mi confianza desaparece.

 

 

 

 

el “¿qué dirán?”

Pronto se arrepiente el que juzga apresuradamente

Publio Siro

Siempre he tenido dificultad de entender a las personas, sus pensamientos y entender sus acciones. Algunas específicamente, porque me las arreglaba muy bien para saber cuando un chofer de microbús se iba a atravesar, cuando había ladrones chineros en la calle de Corregidora y en especial en el trabajo, los pasos que ejecutaron. Pero muchas cosas más sencillas escapan a mi entendimiento.

De niño mis padres me insistían que tenía que saludar a todo mundo cuando llegaba a algún lugar. jamás pudieron explicarme porque, pero tampoco nunca los obedecí del todo, mucho tiempo supe que el saludo de manos era un símbolo de no tener ánimos de pelea, la espada se quedaba guardada. Pero algo que nunca entendí fue el qué dirán.

Cuando me reclamaban que no había saludado a mi tía pensaba que pues si quiere que la salude que no me pellizque mis cachetes, o que dejaran de llamarme picorito. Recuerdo a mi primo Jaime preguntándome si no me importaba que supieran que no obedezco siempre a mi mamá, o hasta el deporte que me gustaba no compaginaba con la familia. Y no entendía la razón de saludar a alguien no conocía o tener que pensar en los comentarios de la familia que se supone que sea un nicho nutricio. Así que nunca quise preocuparme por lo que pensaba mi familia.

Pero por eso tengo presentes muchísimos comentarios de lo que escuché de lo que a otras personas les preocupaba, no solamente dentro mi familia sino de todas las personas cercanas.

Una queja constante es el vestuario y maquillaje de las mujeres, he escuchado muchas veces que se sienten/ven/están gordas claro que la traducción hacia el interlocutor, es decir yo merengues, de estos calificativos no les importa mucho, las veces que les he pedido explicación al respecto lo que responden es que se refieren a ellas. Pero la energía que se gasta para lucir bien ante unos demás que, al parecer, critican de igual manera. Tuve muchas discusiones con mi padre al respecto de que el look no importaba, bueno al menos a mí no, él alegaba que las demás personas como te ven te tratan. Es algo con lo que no concuerdo y que he actuado para no sea de esa manera. Pero he visto como se arreglan esmeradamente para lucir bien, se empeñan en las pestañas, usan base correctora —como si hubiera algo que corregir— labial, el peinado es fundamental —con tinte para las canas— además es el que mayor impacto tiene en la hora de cambiar de look. Los zapatos que dicen que demuestran la clase, y la variedad en la ropa les resulta un problema. Ahora acá en Brasil he visto muchos hombres dándose su manita de gato frente al espejo. Durante la preparatoria tenía camisas iguales —la ventaja de estar dentro del mundo de la costura— entonces muchas personas pensaban que usaba la misma ropa, que no me cambiaba y que jamás me bañaba, de ahí también dedujeron que me las tronaba todos los días, que era muy tonto y que mi cerebro resultaba muy lento.

Quizá lo que les preocupe del juicio de los demás sea el mismo que hacen.

Escuché quejarse de que su hermana tenía que usar zapatos blancos durante su residencia médica, y que los vecinos seguro iban a enterarse de que estudió medicina. O que no querían que los demás pensaran que eran unos arrimados, que no querían que su sobrino supiera que era un jodido (!! ) les preocupaba que supieran que tenían dinero pero también que no pensaran que no tenían, no fue raro. Algunas no querían que su ex pensara que ellas lo habían olvidado muy rápido. Me daba mucha risa ver a mi amigo decir que su coche estaba en el taller para no admitir que era peatón. No vaya a pensar que me cae mal esa persona que tanto odio. No quiero que piensen que me  gusta o que no me gusta. Van a pensar que soy muy apretada o muy fácil. No quiero que se imaginen que

Es como lo que se tardó un amigo en salir del clóset y del miedo que tenía a las reacciones de sus amigos, el otro que se casó sin previo aviso y no quiso decir sus razones, o los que olvidan el barrio donde nacieron y desprecian sus orígenes.

Siempre que una frase comienza con “no quiero que vayas a pensar”, espero algo que lo siguiente es algo que le preocupa a mi interlocutor pero a mí no. Bienvenidas todas las opiniones, actos. Yo aprendo mucho de los demás de esa manera, eso que los avergüenza también los define.

 

 

 

 

 

 

teoría y práctica

Se sugiere que cuando la energía vital de un hombre se encuentra obstruida en su interior, la suavidad sirve para despertarla y traerla a luz.

I Ching Hexagrama 59 Huan (la disolución)

Cuando íbamos a jugar carambola a la academia de billar Gabriel Fernández —ruega por nosotros— me sorprendía mucho la habilidad de ejecución de nuestro fallecido amigo “El Chore”, cuando le decías lo que tenía que hacer era el que mejor lo ejecutaba, sin embargo era incapaz de encontrar la jugada adecuada según la ocasión, era totalmente dependiente de la ayuda de los demás. Yo era el mejor en la teoría y en la práctica me iba bien pero no tanto como lo hubiera esperado. También por esa disparidad entre la teoría y la práctica desistí de estudiar física.

Parece que siempre he sabido que tengo problemas y también la solución posible, a diferencia del Chore no he podido ponerlos en practica, muchas veces me recrimine por eso, ante la simple instrucción de “tienes que amarte a ti mismo” me descubrí perplejo, incapaz de llevarlo a la práctica, aún sabiendo que era algo en extremo necesario, vital incluso. Pero ese tiempo ha quedado atrás, estoy en un proceso de cambio, de profunda transformación en el que estoy aprendiendo a domar mi mayor fuerza: mi mente. Estoy dispuesto a cambiar, al hacer esta afirmación mi cuerpo tiembla un poco y la garganta se cierra, como si todo mi cuerpo se resistiera al cambio. El cambio no es fácil.

Mi mente suele  imaginar un sin fin de posibilidades  y generar una fuerza poderosa. Cuando estas características son bien utilizadas suelen producir portentos en diferentes ámbitos incluídos el académico, laboral, recreativo. Pero la moneda puede caer del otro lado y causar un cantidad innumerable de pensamientos que me lastiman, pierden y sofocan. Hasta ahora había dejado que se apoderaran de mí demasiadas veces, es como intentar domar una bestia poderosa con infinidad de cabezas, es de esas veces que no se puede matar al enemigo sino se tiene que convencer, con amor.

Mi poder es el de la transformación, entonces puedo convertir algo cotidiano en mágico, encontrar el lado luminoso en la desgracia, usar la fuerza de un golpe como impulso, pero también puedo desviar los halagos o peor aún reinterpretar comentarios inocuos como ideas lacerantes.

Por ejemplo si alguien hacia un comentario ofensivo a una persona obesa, yo sentía que los comentarios eran dirigidos a mí, recientemente hablaba con una amiga que describió a otro hombre como “perfecto” y repentinamente me sentí inadecuado, estas pensamientos llegaron a ser mucho peores en las relaciones de pareja.

Creo que siempre me he situado al final de la fila, esperando ser merecedor de algo que nunca llega —sin pedir ni expresar los deseos eso nunca iba a llegar— me sentía abandonado y muchas veces yo provocaba esta situación, como si al entrar en esa situación conocida tuviera algo de control. Muchas veces durante este aislamiento recurría a la comida o bebida para calmar esa ansia de amor, terminaba sintiéndome culpable al final. No me daba cuenta que era yo quien me estaba abandonando, que lo que veía en los demás era solamente un reflejo de lo que pasaba en mi interior. Quizá no me horroriza la dureza de mis pensamientos porque me he dado cuenta sino el tiempo sin hacer nada al respecto, la incapacidad de pasar de la teoría a la práctica.

Lo que comienzo a hacer son cosas que hago por primera vez, me siento desconfiado y perdido, como caminando en un terreno pantanoso, sin apoyo, como aprendiendo a caminar de nuevo, con muchas sensaciones nuevas. Estoy tomando este camino porque ya no me queda otro remedio. Yo quiero estar bien.

 

 

soledad y sol

¿Qué loca ambición nos lleva de nosotros olvidados? Si es para vivir tan poco ¿de qué sirve saber tanto?

Sor Juana Inés de la Cruz

El fin de semana pasado se celebró el día de la Candelaria marcando el fin de una serie de festejos, si bien no comí rosca de reyes y mucho menos salió el niño en ninguna rebanada —ni siquiera las virtuales— sin embargo, a pesar de que no hice tamales, sí preparé comida mexicana para una fiesta por estos lares, esa fecha además todavía toca muchas fibras sensibles —una fecha de cumpleaños constante

Creo que finalmente cayó un veinte: tengo demasiadas cosas en el tintero, y a lo que me refiero es a que tengo lleno del tendedero de la azotea, y creo que hay muchas cosas que necesito ventilar, nombrar, enunciar o exorcizar.

Han sido múltiples factores los que han confluído en este río en constante movimiento, he estado releyendo muchos correos, recordando noches de encarnizadas batallas frente a un tablero, pláticas bizarras mientras recorríamos 18 hoyos virtuales de Pebble Beach o Sawgrass, cavilaciones al calor de una batalla de zombies, pláticas en los cafés del centro de la ciudad de México, confesiones en algún sanborns, vehementes discusiones desencadenadas por un gota, el corazón hablando a través de la música, chistes obscenos alrededor de un rosario en un billar del centro o pláticas encendidas al calor de las bebidas espirituosas.

Siento que todo eso ha desaparecido, de alguna manera muchas de las pláticas a distancia comienzan con ¿qué has hecho? porque la frecuencia es mucho menor, entonces es necesaria una puesta al día, tal vez deba añadir una sección más al blog para cavilaciones, tal vez esta necesidad de traducir los pensamientos a frases semi-coherentes haya impedido que otras cosas -quizá mucho más crípticas- salgan a la luz. No quiero que todos las entiendan pero sí quisiera que alguien lo hiciera.

Es hora de lanzar al mar botellas que contengan un mensaje.