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the real me

Yo nací un día que Dios estuvo enfermo.

César Vallejo

Por primera vez en mucho tiempo mi ciudad no está contenta conmigo, me pregunto el parentezco que tiene la ciudad con la madre tierra. ¿Será que alguna de las dos me conoce en verdad? ¿Es posible que luego de verme de cerca tanto tiempo, de mirar mis acciones y escuchar mis palabras conozcan a la persona que soy realmente?

Yo creo que aún me faltan cosas por aprender de mí, e incluso algunas de las cosas que pueden ser percibidas por mí no son mi yo verdadero sino una reacción al mundo externo. Tal vez apenas comience a ser yo mismo apenas, luego de estar confinado en muchos aspectos por mis miedos, por las ideas que me gritaban al oído mis demonios.

Por eso me sentía solo, con la idea de que la felicidad quedaba demasiado lejos, mis ideas se apresuraban hacia la fatalidad a una velocidad pasmosa. Algunas veces la tristeza se  apoderaba de tal forma que la hacía apenas tolerable, pero lo peor de todo es que no daba la sensación de que la solución era externa que no podía hacer nada para remediarlo.

Luego de un reclamo de un amigo de tanto tiempo me hizo darme cuenta de que cada quien está en su onda, que no es que no le importe a nadie, cada quien tiene sus propios demonios para luchar, que nadie va a tenderme la mano si no la pido y que el principal responsable de mi bienestar soy yo.

Algunos tránsitos son más difíciles que otros, también algunos tienen que completarse sin ayuda.

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Metajuego

Te has jugado la vida tantas veces, que posees un olor a barajas usadas.

Oliverio Girondo

El metajuego son las diferentes estrategias aplicadas que trasciendes las reglas propias del juego, es decir prestando interés a las circunstancias externas del juego como hacer uso del conocimiento del entorno o los rivales.

Tengo que confesar que siempre he jugado de esa manera, en particular en tantos juegos de dominó con mi familia, sabía que mi abuelo buscaba minimizar las pérdidas -por eso no le gustaba quedarse con la mula de seises- , o que mi tío siempre buscara ganar la iniciativa -quizá para tomar las riendas de algo-, que mi tía no resistiera la tentación de cerrar el juego -creo que parte de esa manera atrabancada de jugar y de vivir sea liberadora- o mi madre que siempre tiraba una mula cuando se presentaba la oportunidad -como librarse de un problema-. Algunas jugadas llevaban impresa la personalidad de los jugadores.

En casa de Azul hice lo mismo, ahora con jugadores profesionales, donde la gama de juegos ha sido extensa y los combates feroces, el juego de la casa por excelencia es “caras y gestos”, que fue evolucionando en dificultad, no solamente disminuyendo el tiempo sino aumentando las distracciones del equipo rival, pero ha habido de todo, juegos de cartas, de cartas coleccionables, las diferentes versiones de maratón,  pintamonos, monopoly -con la variable zombie-, stratego, risk, cranium, scrabble, jenga y podría seguir con la lista. Pero, aunque ahí haya sido el lugar en el que más a mi aire me haya sentido, la verdad es que dentro de los juegos no mostré mi verdadero yo, siento que tengo una especie de deuda.

Si lo pienso detalladamente  tal parece que no le he puesto mi corazón por completo a los juegos, quizá he introducido algo de caos -que amo- pero no estoy seguro que me haya mostrado completo, como si no fuera yo del todo. Creo que esto empezó a temprana edad:

En la primera mitad de los 70s mi papá compró una grabadora, alque que resultó novedoso en la familia, una de las primeras cintas que grabó contiene mi voz exclamando sorpresa y miedo al encontrar una araña, por esa grabación fui objeto de burlas durante mucho tiempo -yo creo que hasta la fecha.

Cuando estaba en primero de primaria, durante una clase de inglés estaba enfermo del estómago, pero la maestra se negó a dejarme salir hasta no terminar un ejercicio, con conseguí contenerme, cuando salí uno de mis compañeros fue siguiéndome al baño, cuando se asomó por encima de la puerta le ofrecí el dinero que tenía a cambio de que no le dijera a nadie. Se fué y regresó con muchos otros a observar el desastre.

Quizá por eso haya aprendido a vivir cuidándome de no mostrar mis debilidades a los demás, porque podrían ser aprovechadas para lastimarme, claro que esto es más claro dentro de los juegos donde es evidentemente útil, en cambio, en los aspectos cotidianos no esoty seguro que sea tan conveniente, puede ser que te libre por algún tiempo pero después es como vivir con una sombra. Además si los demás tienen la idea de que no tienes puntos débiles  puede ocasionar que recaigan demasiadas cosas sobre tu espalda.

Ahora que termino otro ciclo, me siento como si tuviera que quemar muchas cosas, algo así como un

Bonzo