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el “¿qué dirán?”

Pronto se arrepiente el que juzga apresuradamente

Publio Siro

Siempre he tenido dificultad de entender a las personas, sus pensamientos y entender sus acciones. Algunas específicamente, porque me las arreglaba muy bien para saber cuando un chofer de microbús se iba a atravesar, cuando había ladrones chineros en la calle de Corregidora y en especial en el trabajo, los pasos que ejecutaron. Pero muchas cosas más sencillas escapan a mi entendimiento.

De niño mis padres me insistían que tenía que saludar a todo mundo cuando llegaba a algún lugar. jamás pudieron explicarme porque, pero tampoco nunca los obedecí del todo, mucho tiempo supe que el saludo de manos era un símbolo de no tener ánimos de pelea, la espada se quedaba guardada. Pero algo que nunca entendí fue el qué dirán.

Cuando me reclamaban que no había saludado a mi tía pensaba que pues si quiere que la salude que no me pellizque mis cachetes, o que dejaran de llamarme picorito. Recuerdo a mi primo Jaime preguntándome si no me importaba que supieran que no obedezco siempre a mi mamá, o hasta el deporte que me gustaba no compaginaba con la familia. Y no entendía la razón de saludar a alguien no conocía o tener que pensar en los comentarios de la familia que se supone que sea un nicho nutricio. Así que nunca quise preocuparme por lo que pensaba mi familia.

Pero por eso tengo presentes muchísimos comentarios de lo que escuché de lo que a otras personas les preocupaba, no solamente dentro mi familia sino de todas las personas cercanas.

Una queja constante es el vestuario y maquillaje de las mujeres, he escuchado muchas veces que se sienten/ven/están gordas claro que la traducción hacia el interlocutor, es decir yo merengues, de estos calificativos no les importa mucho, las veces que les he pedido explicación al respecto lo que responden es que se refieren a ellas. Pero la energía que se gasta para lucir bien ante unos demás que, al parecer, critican de igual manera. Tuve muchas discusiones con mi padre al respecto de que el look no importaba, bueno al menos a mí no, él alegaba que las demás personas como te ven te tratan. Es algo con lo que no concuerdo y que he actuado para no sea de esa manera. Pero he visto como se arreglan esmeradamente para lucir bien, se empeñan en las pestañas, usan base correctora —como si hubiera algo que corregir— labial, el peinado es fundamental —con tinte para las canas— además es el que mayor impacto tiene en la hora de cambiar de look. Los zapatos que dicen que demuestran la clase, y la variedad en la ropa les resulta un problema. Ahora acá en Brasil he visto muchos hombres dándose su manita de gato frente al espejo. Durante la preparatoria tenía camisas iguales —la ventaja de estar dentro del mundo de la costura— entonces muchas personas pensaban que usaba la misma ropa, que no me cambiaba y que jamás me bañaba, de ahí también dedujeron que me las tronaba todos los días, que era muy tonto y que mi cerebro resultaba muy lento.

Quizá lo que les preocupe del juicio de los demás sea el mismo que hacen.

Escuché quejarse de que su hermana tenía que usar zapatos blancos durante su residencia médica, y que los vecinos seguro iban a enterarse de que estudió medicina. O que no querían que los demás pensaran que eran unos arrimados, que no querían que su sobrino supiera que era un jodido (!! ) les preocupaba que supieran que tenían dinero pero también que no pensaran que no tenían, no fue raro. Algunas no querían que su ex pensara que ellas lo habían olvidado muy rápido. Me daba mucha risa ver a mi amigo decir que su coche estaba en el taller para no admitir que era peatón. No vaya a pensar que me cae mal esa persona que tanto odio. No quiero que piensen que me  gusta o que no me gusta. Van a pensar que soy muy apretada o muy fácil. No quiero que se imaginen que

Es como lo que se tardó un amigo en salir del clóset y del miedo que tenía a las reacciones de sus amigos, el otro que se casó sin previo aviso y no quiso decir sus razones, o los que olvidan el barrio donde nacieron y desprecian sus orígenes.

Siempre que una frase comienza con “no quiero que vayas a pensar”, espero algo que lo siguiente es algo que le preocupa a mi interlocutor pero a mí no. Bienvenidas todas las opiniones, actos. Yo aprendo mucho de los demás de esa manera, eso que los avergüenza también los define.

 

 

 

 

 

 

Gestos y opiniones del Doctor Peyot

La patafísica es la ciencia de las soluciones imaginarias

Alfred Jarry

Dicen que a las personas las conocemos por sus actos y no por sus palabras, pero creo ni siquiera la combinación de ambas alcanza para entender lo que pasa por la mente de esa persona.

Cuando tomaba clases de inglés un par de maestros que me dieron clase en distintas ocasiones comenzaron a discutir al respecto de mí, de mi actitud y comportamiento en clase, fue una discusión tirante en la que solamente se pudieron poner de acuerdo en mi desempeño, cuando le preguntaron a mi entonces profesor respecto a mí les dio otra versión. y ninguno estaba equivocado.

En una clase me preguntaron mi opinión de la filosofía de San Agustín de HIpona, como me encontraba somnoliento no di una respuesta académica, solamente expresé lo que pensaba en verdad, medio salón lucía perplejo, cuando terminé de responder la maestra me miró a los ojos y me preguntó “¿en verdad piensas eso?”

En algún momento de mi infancia, al intentar explicar la parentela política, usé a una niña como ejemplo para explicar que el esposo de su tía —la hermana de su padre— era su tío político porque en verdad no era su tío, coincidentemente ella era hija putativa, fui acusado de insensible.

Una tarde estaba en un café de Coyoacán en Jardín Centenario platicando con una amiga y se acercaron a ofrecerme unos panfletos mientras daban sus discursos acerca de su condición con VIH y de cómo estaban recabando dinero honradamente, yo les señalé que me gustaban mucho más los panfletos anteriores, los que tenían información, datos estadísticos y las últimas noticias acerca de la enfermedad; que quizá el cambio a poemas cursis lograra el efecto de ablandar el corazón y quizá obtendrían algo más de dinero pero seguramente no ayudaba mucho en el cambio de mentalidad. Fui tachado de homofóbico y, aunque desconozco la razón, no volví a salir con mi amiga.

En una fiesta en casa de Azul, su amigo Afi estaba despotricando en contra de mi amada ciudad y alabando la regalada vida de su natal Tehuacán, yo estaba pensando seriamente llevarlo de visita al bordo de Xochiaca pero terminé dándole un aventón —no de tripas— y una patrulla nos detuvo luego de avanzar una corta distancia, huelga decir que había bebido copiosamente. Tenía pintadas en el dorso de las manos un par de cruces de color negro y rojo y portaba una gabardina negra. Bajé del auto para tener más espacio para conversar, les dije la verdad que venía de una fiesta, que había tomado demasiado y que las marcas que tenía pintadas eran para evitar que le hiciera daño a alguien, parece que mi sinceridad logró que me dejaran ir, aunque también se notaba algo de miedo.

En la preparatoria tuve la idea de tener varias camisas iguales —rayas verticales, unas con rayas grises y otras con rayas rosas— y como las usaba un día tras otro parecía que siempre estaba vestido igual, parece que este atuendo combinado con mi peinado y mi constante dormitar en clase me otorgaron la categoría de perdido en las drogas.

Cuando tenía el cabello largo solía sostenerlo con esas donitas de tela, mis colores favoritos eran el lila y el rosa —ambos pastel— lo que solía despertar sospechas sobre mis inclinaciones sexuales aunque solamente en una ocasión me preguntaron directamente, también tenía unos converse lilas y unos azul turquesa —jamás pude conseguir rosas de mi número— generalmente usaba un color diferente para cada pie, cuando alguien me hacía la observación siempre le respondía: “y en mi casa tengo un par igual”.

Me gustaba ir al tianguis del Chopo vestido de traje, me divertía mucho recibir el mismo tipo de discriminación del que tanto se quejaban los asistentes regulares, incluso algunas veces agregaba unos comentarios contra Kurt Cobain para condimentar aún más la situación.

Un día fui a comer con mi entonces novia y una amiga de ella a una cocina que estaba a unos pasos del metro Copilco, la comida corrida incluía una jarra de agua, pero yo no pedí la comida corrida sino unas enchiladas, cuando me negué a tomar un vaso del agua que les habían traído con su comida su amiga me acusó de rígido.

Mientras estudiaba el 4 semestre de alemán en el CELE mi maestra Laura salió de viaje y fue sustituida por una maestra nacida en la selva negra Ilse Heckel, quien luego de un par de clases me dijo que no tenía perdón de dios, varias cosas de las que pasaron durante el curso merecen una mención aparte, pero al final de curso, luego de observar mi examen y mi calificación —solamente Perla y yo sacamos 10— me preguntó por lo que estaba estudiando seguramente buscando alguna explicación, cuando le contesté que Actuaría me dijo que seguramente yo era muy ordenado, solamente sonreí.

Muchas veces pensaba que mi imagen estaba fragmentada y que la verdad de mi persona estaba repartida entre amigos y enemigos. Quizá esta herencia también exista porque nadie va a recolectar los pedazos.

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