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Errores comunes

Ahí está el detalle.

Cantinflas

Muchas veces me pierdo en mis pensamientos, un objeto cotidiano puede desatar un torrente de imágenes, datos y sensaciones de origen impreciso. Algún momento de mi historia.

Justo hoy estoy lidiando con un problema tecnológico en el que no puedo meter las manos, entonces recuerdo las numerosas noches armando computadoras e instalando el software. En diversas ocasiones me enfrentaba a algún error, algo que me impedía continuar, quizá la madrugada me hacía pensar que era algo más difícil. Algunas veces me sentía confuso e inseguro, pensaba que no podría resolverlo, la mayoría de las veces la solución era muy simple, apenas un detalle olvidado, no era del grado de olvidar conectar el cable, pero algo muy cercano.

Lo único que necesitaba entonces era una señal de esperanza, una palabra amable, una palmada en la espalda, un voto de confianza. Y es lo único que sigo necesitando ahora.

Lo más difícil para mí es ver lo que tengo frente a mis ojos, es serenar la tormenta que cotidianamente se gesta en mi mente, pensando en una serie infinita de combinaciones posibles sin considerar lo más simple a la mano.

Cerrar los ojos y confiar en que lo puedo resolver, siempre he podido, pero algunas veces mi confianza desaparece.

 

 

 

 

Houston, tenemos un chingo de problemas

Los problemas son oportunidades para demostrar lo que se sabe.

Duke Ellington

Durante mi educación primaria me además del libro de matemáticas proporcionado por la SEP usábamos el libro de matemáticas alfa que tenía más problemas, la idea pedagógica era intentar resolver más problemas para practicar, desde entonces me gusta resolver problemas, por eso ayudé a mis compañeros con la guía para la secundaria. En la secundaria no fue diferente, solamente que ahí se añadía la computación. En la prepa fue más enfocado a física y química que matemáticas. Cuando estaba en Ciencias Políticas también ayudaba a resolver los problemas de otros física, matemáticas y lógica, y muchos de computación. Cuando cambié de carrera y entré a la Facultad Ciencias durante muchos semestres fue solamente los compañeros cercanos pero cuando comencé con el servicio social la audiencia se disparó y recibí problemas de muchas otras facultades, incluyendo personas que hacían la maestría en el IIMAS o que estudiaban en Acatlán. Exalumnos que que ya estaban trabajando o incluso conocidos que llevaban su computadora —desktop nada de laps— para reparar algo.

Pero los problemas más interantes eran los que describían una situación cotidiana o verosímil. Algún dilema al que me pudiera enfrentar, un obstáculo para llegar a una meta algo así. Pero lo que me pareció más interesante es la forma en que los demás abordan el problema, incluso cómo lo preguntan.

El primer obstáculo evidente era que muchos no leían adecuadamente, leían pero no comprendían lo que estaban leyendo. No entendían lo que se estaba preguntando lo siquiera lo que estaba pasando.

El Segundo era no sabían preguntar adecuadamente, esto junto con la falta de información extra hacía mucho más difícil encontrar alguna solución. Pero encontrarla siempre es un divertimento. He oído tantas cosas como las siguientes:

Mi computadora no me hace caso —por eso siempre recomiendo hablarles bonito.

Los números no me cuadran —cualquier acotación a la cantidad específica o referencia a contra qué lo están comparando.

¿Cómo le hago para que mi programa corra como el tuyo? — La solución más fácil es cambiar de asientos.

Me puedes poner un password que no se me olvide —yo pensaría que esta petición hace evidente que la mnemotecnia no es su fuerte.

El trabajo tiene que estar listo para mañana ¿cómo le podemos hacer? — Generalmente es una pregunta retórica.

Yo no hice nada pero ya no funciona ¿lo puedes arreglar? — generalmente encuentro una definición diferente de nada.

Difícilmente escucho un no sé, la regué, no estudié, no lo hice. Lo que he aprendido es que entre más responsabilidad se asuma la solución de los problemas es más rápida.

Es entretenido hacer problemas pero la energía gastada se puede enfocar a otras cosas, en especial cuando no tienen ningún impacto positivo.

CuadernoAlfa

 

 

¿a poco muy muy?

Más fácil es escribir contra la soberbia que vencerla.

Francisco de Quevedo

Apenas unos días atrás un amigo apuntaba que él consideraba que mis mayores pecados —capitales— eran la gula y la soberbia.  La primera es más que evidente, pero me quedé reflexionando acerca de la segunda. No es la primera vez que me señalan algo semejante, así que merece una reflexión.

Si nos centramos en la definición primaria de soberbia: altivez y apetito desordenado  de ser preferido por otros. Parece que contiene 2 partes, una de ellas es la posición por encima de los demás y el deseo de ser preferido por aquellos sobre los que se eleva, por lo que hay una paradoja embutida en ese concepto.

Mis primeros recuerdos están llenos de contradicciones, porque si bien recibí mucha atención y cariño, soy el primer nieto de mi familia paterna y el mi madre es la única mujer entre sus hermanos. También había diferentes expectativas en cuanto a mi persona por parte de todos.  Desde muy temprana edad comencé a sentirme inadecuado, creo que principalmente por no poder entender a los demás, muchas no encontraba relación entres sus actos y sus palabras.

Recuerdo que cuando intentaba hablar de algo con mi abuela paterna ella solamente se quedaba mirándome y me decía que seguramente era un marcianito —sin contestarme otra cosa— o mi tío Mundo que a pesar de su evidente cariño la mayoría de sus palabras eran para corregirme —después me di cuenta de que eso ha hecho con todos sus sobrinos pero entonces dejó una marca que sigo cargando— y me parece que mucho se debe a la manera de expresar el cariño. Entre el machismo de uno de mis abuelos y la orfandad del otro sus demostraciones de afecto eran muy parcas. Pero creo es evidente que la persona que más influencia ha tenido en mi vida ha sido mi madre a quien quiero muchísimo pero algunas veces no consigo comunicárselo y otras fallan los canales de comunicación.

Cuando yo nací ella tenía apenas 18 años y tenía un temperamento volátil muchas de sus regaños o apapachos no dependían de mi conducta sino de humor, pero no sabía que eso pasaba entonces adquirí una compulsión por actuar en busca de su aprobación. Yo veía que ella se la pasaba ayudando a los demás —quizá su forma de ejercer su carrera de trabajo social— acompañaba a las personas al hospital y se quedaba si era necesario, iba a rezar rosarios o ayudaba a preparar comida para las fiestas, ayudaba con los trámites a las demás personas, iba a inyectar o hacía reparaciones de ropa, Quizá esas conductas sean originadas por querer llamar su atención.

Llevo en mi interior una sensación de que si hay algo que no puedo hacer es un fallo en mi persona. me cuesta muchísimo trabajo pedir ayuda, me parece que es porque es por un miedo a ser rechazado justo en ese momento de vulnerabilidad, es mi manera de protegerme contra ese dolor; y aquí es evidente esa contradicción, al no buscar ayuda en esos momentos de necesidad también me he privado de recibir apoyo de las personas que quiero. Aquí quisiera mencionar a mi tía Hortencia, a quien quiero mucho aunque apenas hable con ella, pero siempre que la saludo le doy un abrazo en el que puedo sentir ese cariño así directo y sin escalas, quizá si me expongo más recibiría más de esas demostraciones.

La palabra también tiene otras acepciones como alto, fuerte o excesivo en las cosas inanimadas. Y con seguridad puedo entrar en la categoría de excesivo, además de las otras 2. Tampoco quiero pecar de falsa modestia, una de las veces que fui acusado de soberbio fue cuando le dije a una dama que ella que le estaba otorganod el privilegio de mi presencia, alguna otra persona me reclamaba mi forma de hablar como pontificando, pero nunca ha sido con un aire de superioridad, siempre he intentado tratar de iguales a las personas —también esto ha sido criticado— sin tener ningún prejuicio al respecto.

Y como dijera Mauricio Garcés: Ahí les dejo mi reputación para que la hagan pedazos.