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#VemPraRua

“Não vi Pelé e nem quero ver Neymar. Quero ver o Brasil mudar.”

Frase de las protestas

Algunas personas me han preguntado acerca de lo que está pasando en Brasil, antes de abordar el tema quisiera dar unos datos que pueden ayudar a poner en contexto lo que está pasando, el país tiene casi 200 millones de habitantes, siendo sexto país más poblado y el quinto más grande en extensión territorial, es un país fútbolcentrista: la primera vez que hablé al servicio de soporte de mi compañia de cable/teléfono/internet contestó una grabación diciendo: si es algo relacionado con un partido de fútbol, marque 1; en las tiendas de videojuegos hay una categoría de fútbol separada del deportes y el miércoles 26 de junio fue declarado feriado en Belo Horizonte porque iba a será el partido entre Brasil y Uruguay.

Aproximadamente un 40% de la población y 50% de la riqueza se concentra alrededor de los estados de Rio de Janeiro, Minas Gerais y São Paulo. Aunque el mayor ingreso per cápita está en la capital Brasilia donde se concentra el gobierno. El mercado financiero se transformo bajo el mandato de Lula en apenas algunos años logró llegar al cuarto lugar por volumen el mercado de accionario y llegando a ser considerado como una promesa dentro de los países emergentes, y con los próximos eventos del mundial y las olimpiadas todo indicaba que tenía su camino pavimentado para el para el primer mundo.

Existen numerosos contrastes sociales en el país, escasez de médicos, retraso en la educación y transporte juntos con una alta tasa impositiva, el ambiente que percibí al llegar era de mucha inconformidad, escuchaba numerosas quejas de todo mundo sin percibir las ganas de hacer algo por cambiar la situación, una especie de apatía.  Pero hubo diversos factores que confluyeron.

Hubo una serie de escándalos respecto al compro de votos en el congreso llamado el mensalão, entre otros respecto a la corrupción. El diputado federal João Campos mandó una iniciativa de ley que permite el tratamiento psicológico de la homosexualidad —conocido como “cura gay”— la propuesta fue apoyada por el presidente de la comisión de derechos humanos Marco Feliciano que es un pastor de una iglesia ligada a la asamblea de dios. También salieron a la luz los gastos de la tarjeta de crédito corporativa de la presidenta: apenas unos 60 millones de reales.

Cuando elevaron las tarifas del transporte en muchas ciudades del país hubo una reacción de indignación de parte de la población y comenzaron las protestas, pensando en que querían sacar más para la copa confederaciones.

Aquí en São Paulo fueron en lugares donde se concentra en los que confluyen diferentes rutas de transporte, comenzaron marchas de protesta que fueron reprimidas por la policía, generalmente con las llamadas bombas de efecto moral, bajo una cobertura sesgada de la cadena televisiva predominante. Curiosamente esta cobertura cambió de tenor conforme el movimiento fue avanzando. Ahora todos estaban a favor de las protestas pero en contra del vandalismo. Quieren mantener ignorante y pobre al pueblo, lo hacen enojar y luego se asustan —nota del editor.

En Río de Janeiro las protestas fueron más combativas, y ser vieron empañadas por mucho actos de pillaje y vandalismo como un ataque a una concesionaria de automóviles al parecer por habitantes de la famosa favela Ciudade de Deus, al menos los participantes que escuché fueron más argumentativos.

En la ciudad de Belo Horizonte la edad de los manifestantes era, en promedio menor, incluso la radio estaba invitando a los padres de familia a hablar por teléfono a sus hijos para que dejaran las protestas, al día siguiente vi a los policias dialogando con los parroquianos respecto al día anterior, algunos explicando la postura.

Ahora me he mantenido a una mayor distancia que antaño, porque, además de ser extranjero acá nadie me puede sacar del tambo. Pero sí he estado a tiro de piedra y hablado con los manifestantes. Me gustaría que esto se contagiara por todo el continente.

2 de Octubre no se olvida (¿o sí?)

La oscuridad engendra la violencia y la violencia pide oscuridad para cuajar el crimen.  Por eso el dos de octubre aguardó hasta la noche para que nadie viera la mano que empuñaba el arma, sino sólo su efecto de relámpago. Rosario Castellanos 

Quizá lo que pasó en el 68 esté olvidado, pero el cambio en la forma de protestar no. Tomar la calle se transformó en la manera de protestar contra el gobierno, las nutridas manifestaciones provocaron una reacción exagerada del gobierno mostraron las multitudes en la calle son una medida de fuerza.

Tuve una discusión durante una comida acerca de la política brasileña, uno de mis colegas se quejaba de la corrupción del gobierno, de los impuestos altos y absurdos, de la poca inversión en la educación, que mientras se tuviera fútbol y carnaval el pueblo no iba a reaccionar; y proponía como solución la violencia, el asesinato de los malos políticos  argumentando que era la única opción viable. En el trasfondo lo que ocurre es que le duele pagar un sobreprecio por el nuevo iphone, y además jamás va a hacer nada al respecto. Cualquier semejanza con una historia de la vida real es mera coincidencia.

El acto de protesta implica un esfuerzo que las personas instaladas en la comodidad no suelen hacer, es necesario tener la pasión, el tiempo o razón necesaria para hacerlo.

Yo he estado en distintas protestas estudiantiles, manifestaciones frente a la embajada americana durante la primera guerra en Irak, protestas contra el gobierno y hasta alguna en apoyo al movimiento lésbico-gay. Hay que sumarse a la causa cuando comulgas con ella.

Fueron muchas durante la huelga de la UNAM para terminar el milenio, tras las medidas aprobadas para reducir los turnos en el CCH, el aumento de cuotas, los cambios en los planes de estudio y el sometimiento al CENEVAL.

Fueron días de organización: el taller de matemáticas fue adaptado como central de información, había transmisiones de radio y envíos masivos de correo. También había que botear en el metro para conseguir dinero, organizar los suministros en la cocina, quedaba claro que cuando hay voluntad se pueden lograr muchas cosas.

Y las calles fueron tomadas, con una asistencia varible, casi nunca acompañé al contingente de mi facultad, era más común ir con los de la FES Zaragoza o los de Filosofía y Letras. En una ocasión desfilé al frente en una manta, labor que no repetí por lo cansado de seguir el ritmo determinado. El 23 de abril hubo una marcha que culminó en el zócalo antes de un concierto de Madredeus, una noche en la plaza vestida para la celebración de la independencia con la voz de un ángel coronando los esfuerzos del día, fue mágico. Hubo otra que más disfruté: fue la marcha de las antorchas, siempre he tenido espíritu incendiario.

Las cosas han cambiado ya no puede ocurrir otro Tlatelolco, ahora se puede mandar una foto por twitter y diseminar la información velozmente, y los regímenes no cuentan con esa oscuridad más, basta acordarse de Mubarak en Egipto. Es mucho más fácil dar un RT que salir a la calle.

¿Será que ahora son otras calles las que tenemos que tomar?