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se te va el tren

Entre los carriles de las vías del tren, crecen flores suicidas.

Ramón Gómez de la Serna

Los ferrocarriles en México comenzaron a construirse durante el período de Anastasio Bustamente pero no fue hasta Don Porfirio que los trayectos crecieron en verdad, —casi 40 veces los existentes— situándolo como uno de los principales transportes masivos.

Crecí escuchando historias al respecto como mi tía Luisa que de niña su mayor diversión consistía en ir a mirar el tren, de joven se entretenía rompiendo corazones incluso me tocó presenciar como rechazaba ofertas de matrimonio —cuando yo nací ella ya tenía más de 60 años—, en su juventud uno de sus pretendientes al enterarse de que ella se iba corrió a alcanzarla e intentó saltar al tren en el que partía, con tan mala fortuna que perdió una mano. Mi abuelo materno emigró de su natal Salamanca colgado debajo de un vagón del tren, contaba que muchos accidentes eran cuando se quedaban dormidos. De niño, cuando iba a Salamanca a visitar a mi familia —que vivía frente a las vías del tren— cuando íbamos a la fiesta de San Gonzalo me ponía a contar el número de vagones de los trenes de carga mientras comía lechugas. Si a eso le sumamos la cantidad de historias que transcurren en un tren el resultado era una ilusión por viajar en él.

La oportunidad vino tiempo después, un amigo estuvo un tiempo en un seminario en Querétaro —con el estadio corregidora nuevecito todavía— decidí visitarlo usando una ruta de tren dominical —también llamado corregidora— eran 3 horas. Salí temprano casi directo de la fiesta de mi primo Carlos, me fui disfrutando el camino y no acepté ir al carro comedor porque no tenía hambre, me arrepentí porque me hubiera gustado conocerlo, lo dejé para el regreso. Luego de pasar el día con él durante el regreso apenas transcurrieron algunos durmientes me contagiaron el sueño —la verdad no había dormido nada desde el viernes— me despertaron al llegar a la estación Buenavista, Buenavista, Buenavista; me perdí conocer el vagón comedor.

La segunda vez fue durante una práctica de campo se juntaron grupos de demografía, muestreo y hasta unos colados de pensiones convencí a mis amigos de irnos en tren —nos íbamos a hospedar en Guanajuato y la práctica iba a ser en Silao— compramos boletos en segunda clase que eran muy baratos, cuando me encontré con mis compañeros en la estación (Mónica, Chela, Verónica y Raúl) ¡todos traían al menos 2 piezas de equipaje! Viajar en segunda es mucho más divertido, a Mónica le dio tiempo de ligar un par de veces en ese tiempo tan corto porque, a pesar de la fama de impuntal que tenía los trenes, debo reconocer que en ninguna ocasión salió del horario publicado y en ese viaje eso nos jugó en contra porque llegamos demasiado temprano a Irapuato, tuvimos que tomar un camión. El viaje fue por lo demás divertido. El viaje fue justo a tiempo porque el servicio de pasajeros se suspendió poco después.

El error del año 2000 Y2K amenazaba con destruir a la humanidad pero una de las pocas consecuencias que tuvo fue que el sistema facturación de una empresa cuya sede era la terminal de Pantaco así que durante un tiempo mi ruta pasaba por el metro Cuitláhuac y la avenida del mismo nombre para llegar al Gigante —ahora Soriana— ahí fue cuando tuve contacto con los transportes de carga y su logística tan eficiente que la llevaron a terminar en el olvido, me sorprendió particularmente el hurto de un contenedor que se encontraba en medio de varios contenedores apilados, también me tocaron un par de amenazas de bomba.

A fechas más recientes me tocó ir de Buenos Aires a la ciudad de Tigre en el tren de la costa en un viaje muy pintoresco y con un grupo heterogéneo, muy diferente de lo que había pasado.

Quizá sea un transporte anticuado —por eso Charly García no va en tren, sino en avión— y los trenes ya no son aquellos animales mitológicos de los que hablaba Sabina, y no existe más el expreso de Oriente de Agatha Christie; pero aún se le llama último tren a esa oportunidad que no regresará, hablamos del tren de vida y las solterona son a las que ya se les fue el tren. Quizá me hubiera gustado tener una tren de juguete tan grande como el que había en el Liverpool del centro, quizá haya desaparecido aquella mirada mestiza entre el barullo de las estaciones, tal vez jamás podré recuperar el artwork del  cd que contenía la siguiente canción —y contenía fotos en un tren abandonado— pero seguiré asociando a los trenes con las despedidas.

Algo De Un Tren

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Zombie Walk

…Además, hacer una película de zombies es muy liberador. Es divertido no tomarse en serio todo el tiempo.

Sarah Polley

Las marchas zombie comenzaron al inicio de este milenio como concentraciones  alrededor de sitios públicos de personas caracterizadas de zombies -o zombies reales porque es difícil distinguirlos una vez comenzada la marcha-. Tienen un trayecto que suele pasar por sitios eminentemente públicos a un paso lento y emitiendo sonidos guturales que claman por sesos.

Yo he asistido a cuatro:  en Toronto, Querétaro, la Ciudad de México y São Paulo en ese orden  -disfrazado en las de México-, cada una tuvo un cariz diferente, en Toronto los comercios ofrecían descuentos a los zombies y tenían reservados muchos lugares desde los cuales se podía observar toda la marcha, en Querétaro la gente que observaba la marcha reaccionaba a los ataques simulados, con nerviosa alegría; en la Ciudad de México fue un despliegue de pancartas, muchas de ellas con mensaje político, con personajes locales como Zapata y Frida y terminando en el zócalo -atascado como siempre- mezclándose  con otras actividades, algunas que combinaban perfecto como los alebrijes; la de São Paulo estuvo salpicada de festividad, de los mineros chilenos y música al final.

Aunque no tienen un objetivo definido y los motivos de participación varían según el sitio donde se realicen, las marchas comparten ciertas características entre ellas:

  • El disfraz convierte a los participantes en anónimos, lucen más libres.
  • La marcha es lenta, se presta a la convivencia.
  • El público tienen reacciones de gusto o aversión, rara vez de indiferencia.

Una de las frases características escuchadas durante la marcha:

  • Un zombie no discrimina: muerde parejo.
  • Un zombie no mata,: solamente hace nuevos zombies.
  • Un zombie es tolerante: no agrede a otros zombies.

La primera vez que fui disfrazado fue el 31 de octubre de  2009 -hace justo dos años- en Querétaro, había pasado un  año desde mi divorcio, tiempo suficiente para tener haber transitado una relación de terror, al menos en el aspecto emotivo, una relación que comenzó y terminó con la misma frase con la que abre y cierra la película Lost Highway: “Dick Laurant is dead” es evidente que fue una relación dramática cuyos rompimientos y reconciliaciones no alcanzan a contar los dedos en las manos de ambos.

Fui a la marcha acompañado por varios amigos: Lola, Pepe y Vic éste último había estado viviendo también algunos problemas del corazón y decidimos que el viaje y la marcha serían una buena opción para levantar el ánimo, acertamos. La opinión de otros amigos era que desde me divorcio parecía una sombra de lo que era, que había transitado como auténtico zombie ese año y, a pesar de tener los sesos intactos, no se reflejaba vida en mi rostro.

Era tiempo de revivir, y qué mejor manera de salir del estado zombie que convirtiéndose en uno.

¿Por qué alguien quisiera impersonar un zombie? Son los villanos en la película, no tienen una personalidad definida, tienen limitadas habilidades motoras, solamente buscan saciar el ansia de sesos, no tienen sentimientos, no sienten dolor  ni pena ni tristeza. ¿Quién se apunta?

Aquí hay algunas imágenes.

 

Tiempo después discutí con una acompañante incidental que no veía el caso a esas marchas o gustos “locos” – sus palabras – y esperaba que recapacitara y que me diera cuenta que era inadecuado para mi edad. No se me antojaron sus sesos.