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El cinturón de Orión

De las historias pasadas ya no me aturde saber
Un millón de años luz – Soda Estéreo

Alnitak, Alnilam y Mintaka (Melchor, Gaspar y Baltasar pa’ los cuates):

Yo no creo que haya actos buenos o malos por eso no puedo hablar de mi comportamiento en esos términos, yo sé que mis acciones pueden ser drásticas, erráticas y contradictorias; apenas puedo alegar que son bien intencionadas, estoy seguro que muchas no fueron en mi beneficio y algunas específicas completamente en mi perjuicio. No voy a alegar ignorancia, nunca lo he hecho.

Creo que todos tienen más juguetes de los necesarios o menos de los indispensables. Yo pertenezco al primer grupo, y quizá muchos a mi alrededor están esa situación, probablemente yo tenga que ver con eso. Quizá mi ahijado esté particularmente consentido, ojalá también el amor le sea evidente y pueda acompañarlo en su crecimiento.

Demasiadas palabras para decir que no pido ningún juguete, o alguna cosa material para el caso. Pero si quisiera algunos regalos.

Saber cuándo respirar profundamente, despejar un poco la azotea y una palmada en el corazón.

Eso es todo.

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Días de recogimiento

mientras revivo
acuden primaveras
a mi memoria

Mario Benedetti

Mi cumpleaños se acerca y he estado sopesando el regalo que voy a darme, y me puse a pensar en los diversos regalos que he recibido a lo largo de mi vida.

De mi primer cumpleaños no me acuerdo mucho de los regalos, apenas del pastel en forma de campo de fútbol.  El plástico apareció en los siguientes regalos, un paquete como de accesorios para pioneros: carreta y animales de granja, lo mejor eran los soldados verdes, porque el chiste era el número, en aquellos ejércitos no había un juguete favorito.

De plástico azul fue mi primer dominó, me lo compraron para que pudiera demostrar que sabía jugar antes de dejarme jugar con el de mi abuelo, que era de “a deveras”, desde entonces no me gustan las cosas de entrenamiento, o los lápices, o el corrector. Los procesadores de palabras son una excepción, hacer las cosas a máquina ya fue.

Hay un regalo que me hizo mi tía Yolanda que recuerdo con mucho cariño y ojalá tuviera una foto de él, era un rompecabezas, de 750 piezas -algo inusitado para el año 76- era una escena situada en la Ciudad de México donde se apreciaba la Torre Latinoamericana y el Palacio de Bellas Artes, pero lo mejor de todo es que había un tiranosaurio en plena Alameda comiendo personas, me aguerdo que tenía una entre sus fauces con hilillos de sangre escurriendo por sus mandíbula, seguro ahora no calificaría como apto para un niño de 5 años pero me hizo muy feliz. Lo completé un pare de veces porque mi madre invariablemente me pedía recoger todo, jamás escuchó razones así que solamente tenía unas horas para hacerlo o terminaba en la caja deshecho.

Lo mismo sucedía con los juegos para armar, que en ese tiempo no eran Lego, había TENTE que era un equivalente español, justo con este juego me di cuenta que algo cambió en mí, al principio buscaba la simetría en lo que construía, tanto en colores y formas, pero terminé haciendo lo contrario, huyendo de la simetría. No estoy seguro de cómo me cambió el ser tan consciente de lo efímero de las cosas, creo que todavía vivo con esa sensación de deben de sentir los que dibujan con gis en la banqueta.

Los juegos de mesa siempre me han gustado, el único problema es que no venían con jugadores, solamente jugué turista en una ocasión y tardé más de 20 años en volver a jugar.  Algunos juegos tuvieron mejor suerte.

Ha habido de todo tipo de regalos, desde alguien que me dió dinero alegando que no quería pensar -sus palabras- hasta unos muy adecuados, personales o intencionados. En la segunda década recibí un retorno a la infancia que me hizo quedar prendado y sentirme amado, ha sido uno de las veces que he quedado desarmado, nunca me había sentido tan cerca de una persona.

Al repetirse por tercera vez mi cumpleaños en un viernes santo recibí nueva vida, como en los videojuegos, el regalo en sí fue no tener que cumplir con una profecía oscura, el regalo fue tal que hasta me casé. También he recibido hospitalidad y cariño durante estos festejos, el ofrecimiento de una cocina y un techo para festejarlos, siempre patrocinados por mi faro.

El año pasado tuve un par de regalos simultáneos, sumados al reclamo de mi vecino por mi canto potente -que no tan entonado- a las 5 de mañana; debo añadir que mi vecino no escuchaba la música, solamente mi voz.

Los festejos de mi cumpleaños para este año comenzarán este día, haré algo diferente al año pasado: esta vez elegiré solamente una.

Voten por la bebida elegida para el festejo:

Además como yo decido puedo romper las reglas si quiero.