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¿tú eres Felipe?

todos tenemos una doble vida, siempre quisimos esta doble vida

Soda Stereo

Aunque ya teníamos tiempo de ser vecinons en mi primer acercamiento con la familia Mendoza —familiarmente llamados los del 26— Felipe tenía un parche en el ojo debido a un accidente con un instrumento de medición que le dejó una cicatriz en la córnea.

Ya mencioné la aventura que fue gestando la amistad, la verdad es que pasamos muchas más porque pasábamos la mayor parte del tiempo juntos, nos tocó crecer juntos —a mí más y en más direcciones— quizá haya sido la persona que más bromas haya hecho al respecto de mi figura. Podríamos decir que nuestra amistad no se basaba en la adulación o el buen trato. Pasábamos gran parte del día juntos.

Pasamos numerosas horas jugando, muchos juegos de calle —fútbol incluido— pero también en videojuegos destacando las olímpicas batallas en la commodore 64 donde los récords quedaban guardados en el floppy disk en el que venía el juego, así los personajes de PHILIP LEY, LI PING o aquel otro que logró que el chip SID entonara el himno nacional brasileño.

Nuestra transición hacia la adolescencia fue en asíncrona, hubo apenas unos meses durante el año mundialista en el que estuvimos en diferentes etapas, fue evidente en un par de fiestas de XV años, la primera de Sandra Sheila —a la que también asistió Pili Gorrión— y la segunda la fiesta de mi prima Alejandra en la que yo figuré como chambelán, pero no solamente bailé el vals sino que me la pasé en la pista de baile —e informándole a mi familia que ya no quería que me llamaran por mi apodo—  mientras que él se la pasó jugando con Chava y Mauricio.

En esta fiesta él se quedó encerrado en la casa de Chuchita, en esa fecha probablemente nadie —quizá con la excepción de mi tía Luisa— se había quedado tanto tiempo en esa casa solo, porque tenía la fama de algunos incidentes inexplicables. Se quedó encerrado por estar en el baño y no se dio cuenta cuando fuimos a misa. No fue la única vez que se quedó encerrado, también durante una fiesta en casa de Edith y Erika estaba en el baño cuando comenzó una guerra de comida que ocasionó que nos corrieran de la casa mientras él estaba en el baño. Era frecuente que cuando llegaba a algún lugar pidiera ir al baño, aún cuando no conociera a las personas, fue el que más baños conoció de todos nosotros. Y la única vez que le fue negado me parece que fue en casa de Mónica.

Dejamos de ser vecinos y su residencia se trasladó a Beauty —espacio situado en la calle de Delicias— y Mitla donde yo siempre era el culpable del olor a cigarro, generalmente philip morris que, cuando eran mentolados, contenían la leyenda que nos advertía del monóxido de carbono expulsado, eso era muy notorio cuando fumábamos dentro del carro, luego de un tiempo nos lloraban los ojos. Cuando él se fue a Los Angeles, dejé de fumar —fueron 2 años— a su regreso fui por él al aeropuerto y lo primero que me dijo fuu “Traes cigarros” no tardé en volver a fumar.

Las botanas por elección eran las canelitas —tenían más galletas que los trikitrakes— algunas veces la barritas o las piruetas; algunas veces comíamos garnachas a la vuelta en el negocio de Coco, otras veces en cerca de la esquina de Rosa Zaragoza y Manuela cañizares, donde yo pedía invariablemente suadero y él la mitad de machitos —los pedía de mariconcitos— pero lo más común eran las tortas, recorrimos diversos establecimientos, cuando la telera tenía dimensiones mayores, él las llamaba cariñosamente S-tortas.

Visitábamos esos establecimientos en mi coche Napoleón, por ejemplo el día que fui por su placa —600BRR— a la calle de Carpio, o la vez que tomo prestado el coche para darle una vuelta a Chitzuet, el cruce de las avenidas acelerando y jugándonos “el todo por el todo”, o acompañándome a sacar su primer verificación en un taller sospechosísimo en la calle de dibujantes, o mi cumpleaños 17 que comenzó con el bautizo de mi coche con un vodka infame —Terenka— que dejó una marca en el toldo, la ida al cine para ver “Me enamoré de un maniquí” —idea de Gisela— faltando a mi propia fiesta para llegar con el auto chocado con el faro apuntando a los letreros viales, otra mancha de Richardson con pepsi. Al despertar del día siguiente lo único que pidió de desayunar fue algo líquido evidenciando la cruda.

Ambos nos gustaba Soda Stereo, durante la gira Languis compré mi boleto con anticipación el lugar era C30 y me costó 40000 de los viejos pesos, pero él tuvo un infortunio en el metro que lo demás más bruja de lo habitual y no iba a asistir, el día del concierto, apenas antes de 2 de octubre que nunca se olvida, fuimos al Auditorio Nacional —antes de su renovación— para revender mi boleto porque me parecía que debíamos asistir juntos, pero la emoción y un revendedor nos esquilmó muy amablemente cambiando mi boleto por dos lo más alejados del escenario, pero fue un concierto memorable.

Nos tocó viajar a Zitácuaro a una encomienda, al ver la fila enorme en los camiones de regreso decidimos pasar la noche en el antro local y regresar en la madrugada del día siguiente, no contábamos con que la actividad se acabaría mucho más temprano de lo imaginado, afortunadamente conseguimos regresar en el último camión disponible, solamente que llegamos a la terminal de observatorio a las 4 de la mañana.

Algo que nos ensombrecía era la disparidad de la suerte, la fortuna de uno generalmente era acompañada con la desventura del otro, basta mencionar como fueron nuestras conversaciones de nuestra “primera vez”, en mi caso ese día coincidió con la una funesta noticia familiar que recibió Felipe y que iba a implicar su mudanza, por otra parte en Arcos de Belén, frente al registro civil le conté con lágrimas en los ojos mis penas —no recuerdo otra ocasión con lágrimas de alguno de los 2— luego fuimos a una panadería donde él me platicó su feliz acontecimiento. No estoy seguro si esto fue lo que nos mantuvo alejados durante un tiempo. Pero sí recuerdo esa sensación de que algo malo iba a ocurrir cuando veía su fortuna o durante mis momentos de felicidad preguntarme lo que le estuviera ocurriendo.

Solía hablarle de un teléfono público para felicitarlo por su cumpleaños.

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mi abuela materna

No me salgas con que a Chuchita la bolsearon

Dicho popular.

Durante toda mi infancia el sobrenombre de mi abuela estuvo omnipresente: Chuchita, todos pensaban y muchos aún piensan que su nombre era María de Jesús.  Pero su verdadero nombre era María Epifanía Eustorgia, cuando lo descubrió se dio cuenta de el problema que tenía, porque los demás papeles los tenía a nombre de María de Jesús, lo que indicaba que no iba a poder recibir la herencia de mi abuelo en caso de que falleciera, así que se dirigió al registro civil de Salto del Agua, de ahí la mandaron a donde se registró originalmente: Salamanca, y el encargado del registro civil era un conocido pero esto no ayudó mucho porque seguía al pie de la letra la ley, y como ahí decía que tenían que ir sus padres —era la hija de dos viudos con hijos—, ella bromeaba ¿a poco quiere que les lleve los esqueletos? No importaba que el funcionario hubiera conocido a mis bisabuelos, tampoco que el presidente municipal fuera un pariente, tuvo que esperar a que se retirara y usar un plan alternativo: conseguir que le agregaran el nombre de Jesús a su acta de bautizo.

Mi abuela estuvo adelantada a su época ella no dejó de trabajar al casarse, lo que le aseguró a su familia tener desayuno en tiempos de crisis, mientras las familias vecinas se tenían que contentar con té y tortillas frías, la familia de mi madre desayunaba avena. Ella consiguió asegurar un bienestar para su familia a base de su trabajo. Además siempre está sonriendo, buscándole el mejor ángulo a las cosas, invariablemente la encontrabas de buen humor.

Le gustaba mucho la bohemia, las fiestas, el baile y el alcohol; como era amiga de Amalia Mendoza frecuentemente estaban en las mismas fiestas y cantaban juntas  —yo la he escuchado cantar un par de veces y lo hace bastante bien aunque ya no tiene el aire suficiente— en las fiestas que se organizaban en la familia siempre estaba hasta el final. Me la encontré una vez en unas vacaciones en Acapulco —iba con varios amigos y con otros de sus nietos— y nos invitó una botella en la playa. Se ha ido con mi madre de vacaciones varias veces y los demás se sorprenden de su vitalidad.

Se dedicaba a la costura, una decisión muy acertada de su parte, jamás he visto a nadie tan veloz en la over —nombre de cariño para la máquina over-lock— así que armada de su Pfaff era capaz de terminar cientos de prendas en un santiamén. Y nunca fallaba, una vez se atravesó un dedo con una aguja y solamente se vendó para no manchar las prendas y terminó a tiempo. También podía copiar un modelo de memoria, i.e., iba a las tiendas a ver los modelos, y cuando regresaba podía hacer los moldes para el vestido onda oído absoluto de la costura. De hecho en el 64 fue nombrada en los periódicos como la costurerita que fue apuñalada.

Este incidente ocurrido en las calles de Soledad marcó su salud para los siguientes años, su primer infarto fue apenas 3 años después, seguido de diferentes condiciones que se tornaban delicadas algunas veces, iba tanto al Instituto de Cardiología que hizo amistad con otra paciente regular, tanto que terminó casándose con un amigo de mis tíos —hijos de mi abuela— han sido múltiples las veces que ha entrado al hospital, ha recibido tratamientos experimentales, sus niveles de azúcar, presión, o pulso han estado en niveles exorbitantes. En esos exámenes médicos cuando te preguntan si un familiar ha tenido x enfermedad, la respuesta es siempre sí, y ¿quién la ha tenido? mi abuela. Luego del interrogatorio los médicos se sorprenden que aún siga con vida.

Pero creo que ahora las cosas son diferentes, como quería festejarse su cumpleaños, para conseguir dinero dejó de tomar su medicina para el corazón, lo que provocó otro infarto que la dejó delicada y hace unos días se cayó, lo que causó una fractura en la cadera. Cuando llegó al hospital —ahora el de ortopedia que está por la estación Xomali del tren ligero— se dieron cuenta que tenía una insuficiencia pulmonar, necesita un clavo y como está delicada de los pulmones y el corazón es difícil que la puedan operar, como la perspectiva de tener que estar postrada en silla de ruedas aparece por primera vez su ánimo no es tan optimista.

Mi última foto con ella.

Chuchita