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LPSH II (usté aguante)

Algunos pensamos que lo que nos hace más fuertes es aguantar, pero otras veces es dejarlo estar.

Hermann Hesse

Por alguna razón se piensa que la resistencia es una cualidad necesaria para masculinidad, al menos mi padre lo consideraba muy importante y se aseguró de entrenarme para ese aspecto de manera extrema.

Mi padre jugó mucho tiempo en un equipo llamado el Santos, formado por los hermnaos de mi mamá, primos y amigos cercanos. Cuando yo pasé a formar parte del equipo infantil, el Ultra, con un uniforme color rosa mexicano, creo que el orgullo familiar estaba en juego. Tuve un entrenamiento personal: yo me paraba derecho y firme y él chutaba el balón con fuerza hacia mí, yo tenía que resistir sin chistar los golpes. Hasta que hubo uno que se desvió un poco del objetivo y terminó impactanto en mis testículos, terminé tirado en el suelo llorando silenciosamente, sin dejar que saliera ningún sonido de queja, estoy seguro que en ese momento vi un gesto que evidenciaba que se había equivocado, quizá un poco de arrepentimiento, pero únicamente hubo silencio.

Unos par de años después, ya estaba en la primaria, me tocó recibir la lección de tronar cohetes, que básicamente consistía en tronar uno mientras lo sostenía, el truco era soltarlo justo cuando explotara que era un tiempo incierto, fue una lección bastante fácil, lo que me permitió comprar y usar pirotecnia sin supervisión, que en poco tiempo me llevaría a probar el primer cigarro.

Entiendo las lecciones rápidamente, y apliqué la resistencia en múltiples aspectos de la vida. El primero fue el sueño, siempre fue el último niño en dormir, en todas las fiestas familiares terminaba sentado junto a una bocina escuchando las canciones de la Sonora Santanera, en particular los años nuevos, jamás dormía, pasaba toda la noche despierte y todavía regresaba para ver el desfile de las rosas, mientras toda mi familia dormía.

También cuando jugaba fútbol americano, mis oponentes se agolpaban para intentar tirarme o al menos detenerme pero no lo conseguían, podía aguantar indefinidamente la fuerza del equipo contrario.

En una fiesta en Delicias 57 casi todos los integrantes se agolparon a hacerme “bolita”, aprovechando que hacía un movimiento dramático hincándome y poniendo mi espalda sobre el piso. Conseguí levantarme aguantando el peso de todos.

Mi resistencia era aún mayor en otras áreas, en la central de abastos iba con mi bolsa de costal cargando 40 kilos de víveres, o con los cigarros, fumando hasta 4 al mismo tiempo. Y de verdad probé mi resistencia bebiendo alcohol como si fuera agua.

Viví mucho tiempo con la idea de que yo podía aguantar más que cualquier otra persona, pero eso vivía tomando responsabilidades y evitando ser ayudado por alguien. Eso me alejó de alguna forma del mundo.

Fue mucho tiempo aguantando en tantos frentes.