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de seguro tiene seguro

Seguro, s. Ingenioso juego de azar que permite al jugador la confortable convicción de que está derrotando al que tiene la banca.

El diccionario del diablo – Ambrose Bierce

Nadie tiene la certeza de que puede afrontar todos los acontecimientos que la vida le va a plantear. Primero porque son demasiadas las cosas que pueden ocurrir, en segundo lugar porque la definición de afrontar es subjetiva.

Unas personas tienen miedo de que la muerte les impida hacerse cargo de su descendencia, otros que un ladrón los despoje de su medio de transporte —eso casi no pasa en México— pero hay de todo, de destrucción de casa, recuerdo que Angie Dickinson (la mujer policía) aseguró sus piernas por un millón de dólares —¡en 1966!—, incluso Holly Madison (conejita preferida de Hugh Hefner) aseguró hace unos cinco años su busto también por un millón con todo y que su forma fue gracias a una cirugía plástica. Pero también hay seguros que te protegen en contra de que te caiga un coco, haya una invasión alienígena, sean víctimas de un hechizo o haya un apocalipsis zombie.

Las personas gastan más en asegurar su carro que su salud, algunos confiados en que de su salud se encargará el estado, yo creo que el manejo que hace de los impuestos los ha convencido de que harán un papel estelar administrando los rescursos de la seguridad social. Ya han mostrado un gran ingenio en el manejo como cuando eran dueños del equipo de fútbol Oaxtepec —sí jugaba en la primera división y tenía de portero a La Volpe— o centros recreativos.

En caso de tener seguro y necesitar utilizarlo, el via crucis de hacer las reclamaciones, llamar al ajustador o recibir el reembolso. La tardanza en recibir ese dinero seguramente es debido a la diligencia de las instituciones y nada tiene que ver con jinetear el dinero.

Luego de mi relativamente reciente paso por el hospital, donde afortunadamente el seguro sí cubrió los gastos hospitalarios —salvo las excepciones descritas con claridad en las letras pequeñas del contrato además del deducible y el coaseguro— sin embargo tuve que pagar a los médicos directamente, es decir al cirujano, anestesista, instrumentista, bueno todos los médicos involucrados. A la fecha aún no he podido recibir esa devolución —por diferentes circunstancias— creo que los los tiempos que toma la aseguradora son un poco más tardados de lo normal. Como tardar más de una semana para mandar un correo de contacto —sin información basta un puede envier el correo aquí— y nada de eso me sorprende porque mi carrera surgió por las necesidades de los seguros.

Quizá nunca me dediqué a los seguros porque prefiero dormir tranquilo, aunque suene a contradicción.

 

ve al doctor

La enfermedad es el tirano más terrible.

Albert Camus

Estoy enfermo, ya son dos semanas, la primera fui de inmediato al medico. Primero hay que tomar un turno, hay un monitor donde llaman para triage, de acuerdo a la gravedad será la prioridad, después hay que registrarse y al final aparece en el monitor el número de consultorio.

Me aplicaron medicina vía intravenosa y estuve un rato en el hospital para esperar a que hicera efecto y recibir la receta: antibióticos azitromicina, lo que me trajo recuerdos de la infancia cuando enfermaba cada dos o tres semanas de las anginas. Seguí el tratamiento al pie de la letra, incluso tome unos días de descanso.

No sé si fue la asistencia al cine el domingo —La era de Ultrón en IMAX— o el regreso al trabajo donde el aire acondicionado no ayuda pero el caso es que me sentí mucho peor, el lune todavía alcancé a dar un entrenamiento con todo y lo molesto que resultaba hablar. Me sentí mucho peor, dolor de cabeza, garganta y malestar general, syndrome de Luis XVI —el cuerpo cortado y la cabeza vacilante— pero fui de nuevo al mismo hospital para aprovechar que ya tenían mi historia, pero duante el triage me paree que la enfermera no quizo atenderme, al principio le dió prefencia a una persona que iba en silla de ruedas lo que me pareció natural —por estos lares el atendimiento a las personas de edad o con algún impedimento motriz es ágil y respetado— pero después hizo lo mismo con otro par e incluso mandando a otra persona a triage. y después se fue y cuando iba a regresar al verme se metió a platicar con alguien a alguna sala. No estaba muy de humor per fui a la recepción a quejarme, escribir una queja y ponerla, lo mismo por internet y hare lo mismo por correo. Fui a otro hospital, cuya especialidad es la otorrinoraringología, y luego de un plazo de espera rezonable me revisaron y pues antibióticos más fuertes. Creo que si un agente infeccionso me logra tumbar seguro necesita armas poderosas para vencerlo. La única desventaja del hospital es su localización, es cerca pero necesitaba taxi para llegar pero es difícil conseguir uno de regreso, como tenía que pasar a la farmacia decidí caminar de regreso.

Quizá hubiera sido más fácil hacer la caminata más sano, con el detalle que al llegar a la farmacia no quisieron surtirme la receta porque mi nombre no estaba en la receta, tuve que recorrer diferentes drograrias —nombre más adecuado por estas latitudes— pero al final encontré la forma de no regresar a pedir el cambio de la receta.

Me sigo sintiendo mal, yo tengo que encargarme de mi bienestar porque al final la enfermedad del otro nunca es prioridad para nadie, así sea del sector salud.

 

 

 

 

feliz instante nuevo

Siempre a punto de partir / siempre esperando el desenlace.

Enrique Molina

A pesar de tener cierta obsesión por las fechas y los números ya vana varios lustros en los que pienso que no tenemos que esperar hasta el final del año para agradecer algo, para cambiar de rumbo o para arriesgarse.

Si bien no es necesario esperar a la fecha eso no quiere decir que tampoco puedo hacer na excepción y tomar el último día del año para hacerlo, algunas veces cuando goy gracias a las personas diciéndoles lo que siento y ellas me dicen que no es necesario les contesto que creo que es sano expresar ese sentimiento, que no es una deuda o mucho menos es para no guardarnos esa palabra amable que le corresponde a la otra persona.

Siempre he recibido mucho más de lo que merezco, este año he sido feliz viendo a mi sobrino/ahijado Santiago crecer, a pesar de que lo he tenido lejos alcanzo a ver la felicidad en su rostro, su risa libre de preocupación y eso me alegra doblemente porque hace un reflejo de mi hermana y cuñado, a quienes veo sonrientes. Veo a mi madre encantada con su nieto, igual de ocupada que siempre espero que encuentre muchas formas más de disfrutar su tiempo libre. Creo que he estado más al pendiente de los miembros de mi familia, todo a nivel virtual, pero más contento que preocupado, alegrándome más por las noticias recibidas.

Los amigos han ocupado una parte estelar este año, no solamente lo comencé con visita para darle la bienvenida a este año que se muere, también logré festejar mi cumpleaños en una fiesta con gran asistencia, logré pasear por la ciudad y convivir con ellos. También fue un año con algunas complicaciones que me obligaron a pedir su ayuda, la respuesta que recibí fue elocuente y abrumadora, demostrándome un gran cariño y preocupación que hizo creecer el ya abundante amor que les tengo.

Y también este año me ha dado muchas segundas oportunidades que no pensaba merecer. Incluso mandó una musa para inspirarme.

hasta la madre

A veces, el silencio es la peor mentira.

Unamuno

Un compañero de la preparatoria que se sentaba a mi lado tenía una particular predilección por molestarme diariamente, con insultos, poniéndome notas en mis cuadernos o intentando esconder mi útiles, eran bromas pueriles que ignoraba olímpicamente hasta que un día en la clase de etimologías cuando el maestro se disponía a hablar del origen del antimonio comenzaron sus interrupciones, le solté un golpe que ocasionó que su cabeza rebotara estrepitosamente contra la pared, de tal suerte que nos mandaron a la dirección, donde le sugerí al director que nos expulsara mientras mi compañero intentaba convencerlo de lo contrario con lloriqueos. No nos corrieron.

Un día de fiesta —casi todos los días— mis amigos estaban esperándome para ir a la fiesta —las obligaciones que venían con el automóvil— yo estaba muy bien acompañado en mi casa entretenido en intercambios amatorios, Cuando llegaron a tocar la puerta y gritar mi nombre, salí a explicarles la situación, pidiéndoles que me dieran algún tiempo para terminar, parece que no fui lo suficientemente claro porque regresaron al poco tiempo, salí de nuevo para decirles lo mismo, sin mucho éxito porque regresaron y, como no respondía fueron a gritar por la parte de atrás que daba a mi ventana. Cuando volvieron a tocar salí enojado a decirles unas cuantas verdades, fue Paco el que recibió la mayoría de las palabras pero fueron Vani y el Wrote los que me dejaron de hablar.

Después de asistir a la fiesta de 15 años de Carmen donde, dicho sea de paso, fue la primera vez que vi a alguien usar unos pupilentes de color, nos quedamos de colados —como siempre— en casa de la anfitriona departiendo hasta que llegara la hora en ya pasaban los peseros. Su padrino nos acompañó bebiendo singularmente como es costumbre en los padrinos y alabando las cualidades como apoyador de Mike Singletary en un descuido vació su vaso en mis pantalones. No esperamos el pesero, nos regresamos caminando por calzada de las bombas y rompí casi todos los árboles que había —uno se escapó.

Pero los árboles sufrieron menos que cuando me toco a mí el rompimiento, fue un ir y venir intercambiando caricias con palabras hirientes, ilusiones con realidades, sueño y dolor. Este período se extendió por años, lo que me impedía cerrar el círculo y me mantenía en vilo. Todo terminó en una llamada donde me pedía ayuda, no solamente me negué a ayudarla —aunque no pudiera hacer nada— le dije de la peor manera que no era mi responsabilidad, que no la iba a ayudar y que no me importaba —lo último es una mentira.

Pero lo que más me desespera es el silencio. Tu silencio —seguramente porque mi imaginación es cruel y sombría.

Ahí está la madre del cordero, el meollo del asunto, el quid de la cuestión o, para hablar en términos propios, ahí está el animalón: el problema no está afuera, no son los agentes externos los que me colman la paciencia, soy yo. en realidad no le importamos a nadie, todos tienen su propia agenda, sus problemas, miedos y anhelos; el motivo de sus actos, aún relacionados con nosotros, tienen su origen en algunos de sus miedos o  sus quereres. No es el mundo, soy yo.

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