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de sangre pesada

Es el miedo, el miedo con sombrero negro escondiendo ratas en mi sangre, o el miedo con labios muertos bebiendo mis deseos.

El Miedo – Alejandra Pizarnik

Cuando era niño y había mucho calor la nariz solía sangrar profusamente dificultando la limpieza de mi ropa y obligándome a poner un trapo húmedo sobre la frente y un tapón en la nariz hasta que se calmara, cuando iba junto mi amigo Felipe a las tortillas —hasta la esquina de Apaches y Escuela Naval Militar siempre regresaba con la camisa manchada pero con las tortillas intactas, luego me quedaba en su patio con la cabeza bajo el grifo y dejando correr el agua durante varios minutos, disfrutaba mucho de esto, algunas veces cuando estaba en la casa y pasaba lo mismo mejor me bañaba, así dejaba que fluyera simulando la escena de Psicosis. Más que molestarme fue algo que siempre disfruté, cuando alguien me preguntaba el motivo siempre decía que tenía demasiado hierro en la sangre y necesitaba drenar un poco y estaba en lo cierto.

El alcohol es un catalizador que aumenta los niveles de absorción del hierro, Basta imaginar lo contrario de la anemia en una persona contraria a una abstemia, puede resultar en una combinación nefasta.

Estas noticias que vienen en forma de análisis clínicos pueden ser interpretadas de diversas formas, una de ellas es la verlo como un heraldo de la muerte, una sentencia a una vida no planeada, una condena a sustraerse de los placeres de la vida. El futuro pavimentado de burlas como “ya es hora de la pastura”, “ahora serás conductor resignado”, “ya bebo más que tú”, o quejas de que ya no podré brindar con ellos o simplemente una mirada por encima del hombro. Como si no bastara ya esta sensación de estar defectuoso con la que he convivido toda mi vida, ahora además tengo la confirmación clínica. Estoy consciente de que es una consecuencia de los enormes y cotidianos excesos, creo que muchas de mis exageraciones fueron para desviar la atención de los defectos de mi persona —que yo sentía inmensos— y que necesitaba erguir una barrera del mismo tamaño para mantener a las personas a una distancia que me impidiera horrorizarlos, no sabía que —contrario a lo que pensaba— no hacía ningún bien a nadie; esta situación  podría verse como el justo castigo a la vida disipada, pero ya es demasiado tenerme a mí de juez.

Cuando bebía sentía una necesidad de vaciar el vaso, de hacerlo desaparecer de un solo trago, porque quería acabar con ese sentimiento, porque necesitaba poner distancia inmediatamente, como si ver las cosas desde una perspectiva externa me permitieran hacer a un dejar incólume  mi lastimoso y herido espíritu, pero era infructuoso lo único que lograba era quedar inmerso en divagaciones que me hacían pensar en que mi lugar era fuera de este mundo. Pero mi vida no terminó en la fecha que tenía en mente y llegó el tiempo de decidir el rumbo que quiero tomar.

También estas noticias son una oportunidad de cambiar, de destruir los viejos esquemas, de abrazar por completo la torre que es destruida por un rayo. Recibí la última llamada a la función pero aún a tiempo para tomar el papel que en verdad quiera interpretar en mi vida, soltando las costumbres adquiridas bajo una falsa luz, apegándome apenas a lo esencial, a lo que estoy dispuesto a pelear con lo que me queda, ya estuvo bueno de gastar la pólvora en infiernillos, no solamente hay que elegir con cuidado a los enemigos, también las tareas cotidiana, basta de dejar que los actos negligentes me destruyan.

No puedo dejar de lado los recuerdos,así que dejo esta canción.

Princesas de reinos lejanos

Llegas como una princesa, ante su príncipe vago, ardo en la luz de tu boca, oigo Rapsodia en azul.

Contraley – Real de Catorce

Una conversación con una princesa lunar de tierras lejanas respecto a la sangre y los signos de elemento tierra trajo del cajón de las memoria tres historias que podrían ser fantásticas.

Como todo cuento de hadas comenzó hace mucho mucho tiempo en un reino del norte donde existen aquellos alquimistas que transforman la leche en queso, menonitas les llaman, que además es tierra de mi compa tuitero de mil nombres. Ahí vivía una princesa de la oscuridad con el nombre más terso que he conocido, hablábamos de la inmortalidad, del gusto por la sangre, la vida de noche y los poderes de transformación, la diferencia era que mis afirmaciones eran literales.

Fui a visitarla usan la ya desaparecida AeroCalifornia, en una fecha donde se conjuntaban el día del amor y la amistad con el juego de las estrellas de la NBA —cualquiera podría pensar que esto es irrelevante y probablemente tendría razón— el recibimiento fue como lo dicta el protocolo, formalidad que apenas duraría unas horas luego del intercambio de regalos, sangre y demás afectos —frente a la familia real—  no volvía pisar su castillo, los días siguientes la pasamos practicando la inmortalidad, estuvimos tan juntos esas horas que cuando nos separamos fue para siempre. Bajo pretexto de cambiarse de ropa —y principalmente de zapatos— regresó a su casa  por la mañana; en la tarde recibí la visita de su hermana para notificarme oficialmente mi anulación y llevarme al cine a ver Mystery Men ¡para mitigar el dolor! Huelga decir que regresé sin blasones.

Otra tenía su residencia mucho más al oriente —me refiero a donde todas las sangres son reales no a la Agrícola Oriental— hablaba pausadamente y le sorprendían demasiado mis acciones. Su realeza era mucho más convencional, incluso tiene como pariente en línea directa una princesa reinante en un tiempo lejano, con una historia de traición y destierro. Sí, era una persona valiosa que tenía quebrado el color.

No asistía a tantos eventos oficiales por eso no tenía demasiados sombreros, la fuerza de su majestad unida incendiada con mi fuego conseguía derretir a ese país olvidado por el sol. Hasta su forma de servirme el té era correcta, creo que ese era un gesto que conseguía conmoverme, se quejaba constantemente de mi poca expresividad en el MSN —su desaparición aún no era evidente— en lugar de nombrarme caballero con una espada me bañó en pepsi light con un vaso.

La tercera tiene múltiples castillos en tierras de dragones a los que me he enfrentado. Su voz de sirena trazó un puente entre las esferas incompatibles de nuestra vida, hablábamos con notas musicales. La inundaba con interpretaciones bizarras que espero alguna vez comprendiera. Es fanática del saludo protocolario, mover el abanico y recibir la atención.

Con aficiones diversas, temperamento volátil y escudos de armas nobles, y seguramente una facilidad para el malabarismo, porque tenía además Two Princes entre los que oscilaba como un doblón que es girado para decidir quién se queda con la bolsa de cuero.

Sus signos zodiacales eran de tierra, les importa demasiado estar plantadas, tener un castillo, escudos reales, o las fiestas del castillo. Prefieren emparentar con gente de estirpe parecida pero sin darse cuenta de que sus castillos son también prisiones. Por eso ahora que visito otras tierras solamente voy a rescatar plebeyas.

Princesa