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El Ángel

Un ángel dentro de mí que no cree en la muerte ni en el fin su locura lo puede salvar.

El Ángel – Santa Sabina

Esto escribía cuatro años atrás un poco antes de iniciar con este blog, antes de conseguir morada por estos lares:

Se murió Rita Guerrero y esto me llenó de tristeza, y derramé algunas lágrimas y no fue porque mi pensamiento volara hacia alguien, fue porque me acordé de mí.

Y tal vez fue porque Santa Sabina apareció en mi vida a finales de los 80, cuando ya habían pasado esos sábados de conciertos en el deportivo casa de la chingada donde siempre aparecía una razzia que terminaba los conciertos. Ellos se presentaban en el LUCC en la calle de Perpetua casi esquina con Insurgentes los martes que no había cover, en ese lugar las columnas estaban acolchonadas que amortiguaban el rudo baile de slam que hacíamos cuando tocaban “Chicles” y con el final de “Yo te ando buscando”

O la imagen de un concierto masivo en CU, donde se juntaba dinero para mandarle petróleo a Cuba, fue en las islas, haciendo honores abrieron los Nakos, después tocó Santa Sabina, seguidos de Caifanes, La Maldita Vecindad y cerrando Euguenia León (!), todo eso lo ví con Felipe tras el escenario.

También influyó que en septiembre del 89 fuimos a un concierto en privada Lago, cerca del metro Nativitas, ya veníamos servidos y un LTD negro se paró a amenazarnos con una pistola, pero huyeron ante los desfiguros de Paco que terminó en el suelo. Pasamos frente a una reunión de AA blandiendo una botella de bacardí blanco ofreciéndoselos y burlándonos de su negativa, La misma botella la escondimos en la base de un poste de luz que no estaba cerrada. No teníamos para la entrada así que Chucho tuvo que dar su cadena, ya dentro escuchamos a Splash y a Santa Sabina conseguimos robar un par de cervezas y nos dirigimos a una fiesta, donde tocaron unos cuates, todavía recuerdo que la letra de “Killing an arab” fue “Standing on the beach with a gun in my manos”. Después de terminada la música la fiesta continuó, pero Octavio me pidió que lo acompañara a dejar a Liz y Dioné, tomamos un Volkswagen rojo prestado y nos enfilamos a Canal del Norte, pero una de las llantas no aguantó todo el trayecto y nos quedamos varados en la Doctores, la sorpresa fue que el gato no servía, algo que hubiéramos podido solucionar, pero lo peor era que la llanta de repuesto estaba desinflada así que nos arreglamos para empujarlo hasta una gasolinera y medio inflar la llanta, y así llegamos a la calle de mayas donde Liz llamó para que fueran por ella y nos quedamos escuchando las desventuras de Nina con Aarón me parece. Llegaron por ellas y se las llevaron sin ofrecernos ayuda así que emprendimos el regreso como pudimos, todavía alcanzamos algo de la fiesta antes de que el sol la terminara.

Me resulta emotivo que todavía alcanzaran a traslaparse con algo de mi psicodelia, y llegaran justo antes de mi primera mutación, en la que el amor me abarcara y comenzara a pasar casi todo mi tiempo alrededor de mi amada universidad donde los carteles de sus conciertos abundaban, Rockotitlán, el LUCC, el Bar 9. Y por mi asidua asistencia al cine los vi aparecer en la película Ciudad de Ciegos.

Y cómo no recordar el concierto lleno de tantas bandas en el espacio escultórico que empezó cerca de las 10 de la mañana y acabó a las 4 de la mañana, donde vestía de blanco, llevaba flores y me acompañaba Natalia.  Después hubo una marcha por Reforma para acaba frente a la embajada estadounidense, caminar rodeado de personas que de alguna manera comulgan por una causa o al menos se ofenden por el el comportamiento del presidente Bush sr. Y después los zapatistas y tantos conciertos pagados con bolsas de arroz.

Y las cosas cambian, fue una mezcla de sentimientos no tener para pagar la entrada a verlos, al menos eso significaba que les iba mejor, había más gente queriéndolos ver, paralelamente me iba desmoronándome poco a poco, en tantas partes que ni tres terapias –personal, grupal y de pareja– alcanzaban a juntar el rompecabezas. Y su período sin disquera coincidió con un pasaje oscuro que algunos me vieron transitar, que me dejó una piel acerada y un corazón a prueba de balas.

Las lágrimas pueden provenir de ese mar adentro de la sangre que estuvo dormido, y que solamente mediante un punto de quiebra, como la huelga, despertó y que terminó por alejarme de la universidad principalmente pero de muchos otros lugares y me lanzó por caminos diferentes, algunos virtuales, gracias a los cuales encontré a tantas personas.

Pudiera ser una repetición porque hubo un concierto en el zócalo, contra la guerra de Irak donde todos lanzaban incordios contra Bush, ahora jr. En esa ocasión esperé al final y me firmaron mi disco Espiral y hablé un poco con ellos. Los tiempos cambian pero siempre hay causas alrededor.

Me parece que lo que me hizo llorar fue pensar que ya no era joven, que llevo algunas cosas irreversibles a cuestas, que “No me alcanza el tiempo”, que ese Ángel que ahora nos abandona se está terminando de llevar algo precioso; que ya no recorreré las calles de mi amada ciudad en las noches, que estoy lejos de mi alcoholescencia prodigiosa y sin aquel abanico de caminos que se bifurcaban.

Pero eso no es cierto, si algo he aprendido recientemente es que uno decide el camino, y que voy a seguir buscando, que ahora estoy en un lugar nuevo a punto de alcanzar los 40 y hay muchas cosas que quiero hacer, que sigo descubriendo música que me alimenta, y libros y películas y sobretodo personas. Jamás voy a cansarme de aprender, de descubrir lo hermoso de este universo, de interpretar los signos que se me presenta a cada día, lo que he vivido me formó y por eso lo escribo, que estoy construyendo mi vida de nuevo, que hay otra infinidad de posibilidades futuras, que tengo una ciudad por conquistar y que voy a empezar ahora.

Concierto miedo

Las cifras de venta de un disco me parecen una abstracción, son uno signos sobre un papel, y más ahora, con la piratería. Lo que importa es cuánta gente ha ido a verte esa noche y el aforo de las salas que te llaman.
Antonio Vega

En México en septiembre de 1971 hubo un concierto en Avándaro, un verdadero desmadre de organización, pero fue una oportunidad para los que les gustaba el rock de reunirse en grandes cantidades para celebrar de una manera tribal. Creo que en cada concierto hay una especie de experiencia colectiva que nos alimenta el gusto por la música. Después de la mala publicidad obtenida pensaron que los conciertos de rock eran una amenaza para la seguridad pública y los prohibieron.

Por esa razón tardé demasiado tiempo en ir a un concierto, porque ir a recitales de Mozart, conseguir boletos en el Patio —en Atenas número 9—  para ver a José José o ver a Lupita D’Alessio en un palenque —no estoy hablando de su vida privada— no cuenta. No había espacios para hacer conciertos en mi amada Ciudad de México, pero hasta entonces solamente había tenido contacto con rock extranjero gracias a mi tío Mundo que era un ferviente admirador de Eric Burdon, Led Zeppelin, o los Rolling, entonces mis intereses musicales fueron mudando por la vía de la canción de protesta hacia los rupestres, Jaime López, Cecilia Toussaint y los entonces apareció un grupo en el horizonte llamado Botellita de Jerez. La única manera de verlos era en lugares cerrados, eventos no publicitados, donde también se veían personas como Guillermo Briseño, Heber Rosell o el mismísimo Rockdrigo Nopales.

Creo que todo comenzó a cambiar después del temblor, donde ya cualquier foro parecía un hoyo fonqui, creo que los conciertos que se organizaron luego del temblor, uno en homenaje a Rockdrigo y Frederik —un artista de teatro que era belga y vivía en la calle de Bruselas de la colonia Júarez— donde el conductor fue Alejandro Aura y actuaron, además de los arriba mencionados, Trolebús, Roberto Ponce, Nina Galindo, Rafael Catana, Armando Palomares, Armando Rosas y la Camerata. Este concierto constrastaba con el que se organizó por los famosos donde estaban Vicente Fernandez, Lucía Méndez, Verónica Castro, Yuri, y algunos otros.

Luego de esta desgracia era natural que se organizaran conciertos de corte de rock urbano, generalmente en el deportivo casa de la chingada, donde tocaban grupos tan alternativos como los Nakos, Follaje, Emilia Almazán,  a, pero regularmente terminaba en una razzia, hasta había un programa los domingos en la noche por 105.7 donde anunciaban a los detenidos para que fueran por ellos. Alguna vez fui a una tocada en la calle de privada Lago, cerca del metro Nativitas, nos dejaron pasar apenas con el reloj de mi amigo Chucho—la patria era pobre— y tocaron Splash, Santa Sabina y estaban Alfonsó André y Saúl de los Caifanes que tocaron un palomazo, era una casa, y al final te podías echar unas chelas con ellos, nadie los conocía. Pero poco a poco fueron  surgiendo algunos lugares como el LUCC, Rockotitlán y el RockStock.

Pero de estas épocas hay algunos conciertos que recuerdo por diversas circunstancias, cuando Soda Stereo estuvo en el Auditorio Nacional en la gira Doble Vida, yo ya tenía mi boleto con un lugar extraordinario, mi hermano del alma Felipe no pudo comprarlo por algunos descuidos financieros que tuvo, me acompañó a la entrada pero la verdad se me ablandó el corazón y cambié mi lugar por 2 boletos de hasta arriba para ir juntos, no tuve la mejor visión pero fue por mucho muy emotivo. Otro de ellos fue cuando Rod Stewart estuvo en Querétaro, yo creo que el 40% estaba quemando mota porque el hornazo era impresionante, lo más importante fue que después de ese concierto mi sencillo  de 33″ de “Da’ ya’ Think I’m sexy” fue indispensable en las fiestas por un rato. Y el otro fue un masivo en CU donde tocaron Juguete Rabioso, La Maldita Vecindad, Santa Sabina, Los Caifanes y Eugenia León, ese concierto lo viví detrás del escenario, Felipe consiguió varios autógrafos, el concierto era para juntar lana para mandar petróleo a Cuba.

Ya en los 90’s recuerdo varios conciertos que se hicieron en el Blanquita de pares de bandas, fui a ver a Real de Catorce con Flor de Metal, Raxas con Next, Ritmo Peligroso junto con Casino. Los Caifanes presentaron el disco del diablito en el Blanquita, ese día una indigente nos ofrecía su desnudez a cambio de monedas o una manuela o una francesa a cambio de un poco más de lana para el pomo. También fui de última hora a un concierto de Cecilia Toussaint, llegué directo a la taquilla a comprar los boletos, primero pensé qué rápido fue pero me di cuenta que había una gran fila y que yo me la había saltado olímpicamente —la verdad no me di cuenta— en la fila para entrar iba de ida y regreso, me encontré justo con un amigo en la fila a punto de entrar, así que en un par de minutos ya estaba dentro.

También fui a la conmemoración de los 5 años de la muerte de Rockdrigo, hubo 2 eventos uno fue un concierto en el teatro Isabela Corona en Tlatelolco —local apropiado— aunque solamente tocó la mitad del grupo Qual. Y hubo otro concierto de la calle de Liverpool, ese sí con puro espontáneo, escuché muchas canciones bizarras, los asitentes no te pedían lana para la chela sino para ir por más cemento antes de que cerraran la zapatería.

Cuando fue la guerra contra Iraq incitada por el papá Bush hubo numerosas protestas, algunas frente a la embajada pero hubo un concierto memorable en el espacio escultórico, en las propagandas de invitación se pidió la asistencia vestidos de blanco, llevando flores e incienso —este último para disfrazar el consumo de marihuana— y pues estuvieron TODOS, y me refiero a todos el concierto comenzó pasadas las 10 de la mañana y terminó a las 4 de la mañana siguiente, en el lugar donde Jorge Reyes solía hacer su concierto primaveral. Aquí me ocurrió algo curioso, unos 20 años después fui a un concierto de Santa Sabina en zócalo, donde el pretexto ahora era la guerra contra Iraq propiciada por otro Bush —ahora el hijo— cuando me acerqué al final del concierto para que firmaran mi disco de Espiral comentamos al respecto. También fui a varios conciertos en la explanada de la delegación Venustiano Carranza —donde saqué mi primer permiso de conducir— en uno de esos se presentó lo que quedaba de Nacha Pop.

Durante todo ese tiempo me tocó ver nacer bandas como Caifanes, Café Tacuba —cuando Alicia todavía vivía ahí—, Fobia, Santa Sabina. Ya para finales de la década fui con mis primos a un concierto en el Metropolitan donde se presentaron los 3 —Julieta Venegas de invitada—, la Nao, Los Babasónicos —fue la primera vez que los vi en vivo— Sekta Core, Desorden Público, La Dosis y Coda. Ahí me di cuenta de que ya no estaba chavito —al menos comparado con los otros asistentes—; mucho tiempo después —2009— fui al Auditorio Nacional a ver de nuevo a los Babasónicos con mi fluctuante novia ella se sentía incómoda por verse rodeada de chavos al final del concierto terminó conmigo, claro que esto no era raro porque esa escena se repitió muchas veces los meses siguientes. Algo que también descubrí entonces fue que los concierto habían cambiado, se avecinaba Ticketmaster que vendría a dominar el mundo de los conciertos, que desde entonces dejaron de tener esa sensación tribal que es difícil tener cuando la preventa es solamente con tarjetas Banamex. Claro que asistí a muchos de ellos aunque no me hiciera ninguna gracia la comisión pagada. Y aunque estuve retirado mucho tiempo de los conciertos cuando me casé, luego del divorcio tenía muchas ganas de seguir asisitendo regularmente, y comencé con aquellos foros no tan grandes como para volver a sentir esa emoción de antaño. Dejo alguna foto de antes y después.