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hasta la madre

A veces, el silencio es la peor mentira.

Unamuno

Un compañero de la preparatoria que se sentaba a mi lado tenía una particular predilección por molestarme diariamente, con insultos, poniéndome notas en mis cuadernos o intentando esconder mi útiles, eran bromas pueriles que ignoraba olímpicamente hasta que un día en la clase de etimologías cuando el maestro se disponía a hablar del origen del antimonio comenzaron sus interrupciones, le solté un golpe que ocasionó que su cabeza rebotara estrepitosamente contra la pared, de tal suerte que nos mandaron a la dirección, donde le sugerí al director que nos expulsara mientras mi compañero intentaba convencerlo de lo contrario con lloriqueos. No nos corrieron.

Un día de fiesta —casi todos los días— mis amigos estaban esperándome para ir a la fiesta —las obligaciones que venían con el automóvil— yo estaba muy bien acompañado en mi casa entretenido en intercambios amatorios, Cuando llegaron a tocar la puerta y gritar mi nombre, salí a explicarles la situación, pidiéndoles que me dieran algún tiempo para terminar, parece que no fui lo suficientemente claro porque regresaron al poco tiempo, salí de nuevo para decirles lo mismo, sin mucho éxito porque regresaron y, como no respondía fueron a gritar por la parte de atrás que daba a mi ventana. Cuando volvieron a tocar salí enojado a decirles unas cuantas verdades, fue Paco el que recibió la mayoría de las palabras pero fueron Vani y el Wrote los que me dejaron de hablar.

Después de asistir a la fiesta de 15 años de Carmen donde, dicho sea de paso, fue la primera vez que vi a alguien usar unos pupilentes de color, nos quedamos de colados —como siempre— en casa de la anfitriona departiendo hasta que llegara la hora en ya pasaban los peseros. Su padrino nos acompañó bebiendo singularmente como es costumbre en los padrinos y alabando las cualidades como apoyador de Mike Singletary en un descuido vació su vaso en mis pantalones. No esperamos el pesero, nos regresamos caminando por calzada de las bombas y rompí casi todos los árboles que había —uno se escapó.

Pero los árboles sufrieron menos que cuando me toco a mí el rompimiento, fue un ir y venir intercambiando caricias con palabras hirientes, ilusiones con realidades, sueño y dolor. Este período se extendió por años, lo que me impedía cerrar el círculo y me mantenía en vilo. Todo terminó en una llamada donde me pedía ayuda, no solamente me negué a ayudarla —aunque no pudiera hacer nada— le dije de la peor manera que no era mi responsabilidad, que no la iba a ayudar y que no me importaba —lo último es una mentira.

Pero lo que más me desespera es el silencio. Tu silencio —seguramente porque mi imaginación es cruel y sombría.

Ahí está la madre del cordero, el meollo del asunto, el quid de la cuestión o, para hablar en términos propios, ahí está el animalón: el problema no está afuera, no son los agentes externos los que me colman la paciencia, soy yo. en realidad no le importamos a nadie, todos tienen su propia agenda, sus problemas, miedos y anhelos; el motivo de sus actos, aún relacionados con nosotros, tienen su origen en algunos de sus miedos o  sus quereres. No es el mundo, soy yo.

silencios insuperables (especial navideño)

La muerte ha restituido al silencio su prestigio hechizante.

Alejandra Pizarnik.

Ahora que es una época de regalos, los envoltorios están por todas partes debo reconocer que elvolver regalos nunca ha sido uno de mis talentos, recuerdo una navidad donde junté dinero para comprarle algún regalo a los diferentes miembros de la familia, incluyendo uno para mí incluyendo los utensilios necesarios para elnvolverlos, por lo menos gasté el doble de papel en terminar mi labor, no de la manera más elegante, incluso se podía ver mi regalo a través de algunos huecos del papel, claro que no importaba porque a leguas se veía que era un balón de americano. Esto no se repitió en muchas otras ocasiones, ya después los llevaba a envolver o pedía ayuda con alguien mucho más capaz, aunque alguna vez me encontré en dificultades en una tierra extraña tratando e engalanar un regalo, me parece que de manera infructuosa.

Tampoco soy muy paciente al abrir los regalos, la curiosidad me consume tanto que los tengo que abrir inmediatamente, sin tener mucho cuidado de la envoltura, algunas veces frenéticamente destruyo en elvoltorio, que quizá sea parte del regalo. Tal vez envolver sea algo es muy parecido a guardar silencio, es como mantener algo fuera de la vista o conocimiento de los demás como tener algo guardado que es susceptible de ser descubierto. Y una de las cosas que más anhelo es descubrir secretos, abrir la puerta a algo desconocido como si eso fuera a revelarme finalmente una solución, la solución.

Mi mente volátil no toma muy bien ese silencio, siempre busca todas las alternativas posibles, y tiene tendencia a estacionarse en las peores, quizá con la precaución de que será menos decepcionado de esa manera, pero la verdad es como un juego morboso que no se detiene, adictivo y bizarro. Parece que la violencia que se supone es el silencio se puede tornar aún peor en mi mente, la famosa ley del hielo se puede aún tornar más afilada, este efecto se ha aplicado ya en el cine cuando el terror se basa en lo que no se muestra.

Y si las mujeres tienen fama de hablar mucho cómo es que me tocan las que deciden callarse, seguramente son los misterios por ser develados lo que me atrae, aunque yo haya pensado que de eso me di cuenta después, siempre hay señales a la vista que deberían haber sido pista suficiente -al menos para mí que me gusta leer los signos- pero actuaba cegado por mis propias creencias distorsionadas, por ejemplo la primera vez que le declaré mis sentimientos a mi x pidiéndole otro tipo de relación lo único que recibí fue un insufrible silencio que terminó con mis palabras ofreciéndole una salida, y esos silencios se convirtieron, ya casados, en una especie de campo minado que cada uno llenó con los propios pensamientos que muchas veces se alejaban notablemente de la realidad.

En circunstancias desfavorables los resultados pueden ser aún peores, si estoy en posición de ser el confort de una persona que tiene otra relación, u otras porque soy el tercero en el orden al bat, por mucho que me alegre su intermitente presencia y que sepa que algunas veces la cobijen brazos de alguien que escogió por razones que me escapan -quizá no tanto- nada de eso tiene el mismo alcance en mi interior como su silencio, porque eso pone en juego no solamente lo que pasa sino toda la gama de posibilidades, que se multiplican los jueves. No necesito ser brujo, aunque lo sea, para saber que es mejor cambiar esto.

En un momento pensé en revertir esta tendencia guardando silencio, quizá nada más para probar que también puedo guardar silencio. Pero lo que en realidad tengo que callar es mi febril mente, dejar de interpretar, retorcer y construir todos los escenarios imaginables.  Dejar de lado este vicio frenético que solamente me mantiene distraído de mis prioridades, dejar de buscar respuestas en el silencio y empezar a construir mis propios escenarios de la forma en que quiera. Y por supuesto dejar que alguien más envuelva mis regalos.

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