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la segunda ley (instrucciones para el fin del mundo)

Un loco tira una piedra al agua, diez sabios no la pueden sacar

Proverbio rumano

Recientemente he escuchado muchas personas quejándose de las reglas o las circunstancias que los rodean, como si el universo los convirtiera en víctimas sin escapatoria, como si no se pudiera hacer nada, como si tuvieran una memoria vacía y una fe quebrada, no hay peor prisión que la que se forma de circunstancias aceptadas con resignación.

¿Cuántas veces las palabras de nuestros padres, maestros o figuras de autoridad se convierten silenciosamente en leyes no escritas que aceptamos sin pensar y dictan nuestro comportamiento? Vivimos convencidos de que la letra con sangre entra, que quien bien te quiere te hará sufrir o que al que madruga dios lo ayuda. Y tantas frases que pueden tener un origen razonable pero que cuando las vivimos sin razonarlas nos impiden ver nuestro entorno de otra manera.

Cuando se trata de las leyes legisladas el pueblo mexicano tiene una arraigada costumbre de acatarlas pero no obedecerlas, quizá forjada durante la colonia cuando el rey se encontraba del otro lado del océano sin poder de vigilancia, la prohibición de producir seda, vino o naipes no fue observada eso no es muy lejano de la abundante venta de discos pirata, alcohol adulterado o documentos apócrifos actualmente, en ese sentido las leyes se ignoran olímpicamente sin que les quite el sueño.

Cuando se trata de las leyes físicas pareciera que son rígidas e inamovibles que además cae el peso de la ciencia y la historia, pero un vuelo en avión es apenas doblez de la gravedad, tenemos aire acondicionado para desafiar a la temperatura y algunas partículas que desafían la velocidad de la luz. Cuando se rompen las reglas en otras esferas también resulta interesante como el sonido 13 en la música o la cuarta pared del teatro, esas rupturas son una nueva oportunidad, es alentador ver nuevos caminos o posibilidades.

Logré romper varias reglas —muchas de etiqueta—, retorcer algunas como en los juegos y el lenguaje, y abrir nuevos caminos debo confesar que también he estado atrapado en barreras que se filtraron en mi inconsciente que me llevaron a tomar posturas demasiado rígidas respecto, por ejemplo, a mi resistencia, pensando que podía aguantar más que cualquier otra persona y actuando en consecuencia, muchas veces en detrimento de algún aspecto de mi persona. También he dado un peso exagerado a la justicia al punto de tener una paciencia infinita y una confianza que muchas personas consideran inadecuada y hasta peligrosa. Yo vivía haciendo múltiples actos de equilibrismo, si bien tengo mucho tiempo que intento vivir asimétricamente la verdad es que hay dos fuerzas dentro de mí —batman y el arcángel— de las que olvido su existencia y que, constantemente, buscan equilibrar los actos de su opuesto como si por cada fuego tuviera que pagar la emisión de carbono correspondiente, como si tuviera que dejar inalterado el equilibrio decadente del universo.

Es como si estuviera indeciso entre el deber y mis deseos, con un sentimiento enterrado que me impulsa a elegir el primero invariablemente, como si al descubrir esos anhelos me sintiera expuesto y lleno de culpa, una prisión que no me dejaba volar.

Quizá he tomado un papel que no me corresponde tratando de mejorar el universo, lo que es un error garrafal porque el mundo se va a desmoronar, tal vez no en la fecha prevista por los mayas, pero de que va a valer madre no tengo duda, así que no debería gastar energías en perseguir sueños ajenos, sin antes atrapar los míos que parecen inalcanzables y esa es la regla más difícil de romper.

Entropy

Deconstrucciones

ojos que impresionan / traspasan objetos / descubren la muerte oculta que hay en ellos / ojos bellos.

Malo – Real de Catorce

Este fin de semana se me antojó tomarme una michelada así que decidí estrenar mi exprimidor de limones con poca fortuna porque a la segunda mitad de limón quedó partido en 2:

Hay algunas características que me han acompañado desde que tengo memoria, lo que es decir bastante, la primera vez que me dieron a beber en un vaso de vidrio —a corta edad— terminé rompiéndolo con la boca —no fue la primera y dudo que sea la última que caen vidrios en mi boca— el único remedio que he encontrado fue el mascar un chicle para que se queden pegados los pedazos de vidrio, la otra ocasiones fueron los restos de un foco o los restos de un envase de sidral familiar. Mi primer regalo navideño fueron unos weebles, uno de ellos no tardó en ver su cuerpo quebrado. En la secundaria, al jugar frontón con pelotas de tenis rompí un par luego de un golpe y en una pelea callejera destruí mi tenis al asestar una patada a un amigo, era una pelea amistosa.

Y esto no solamente ha sido por mi gusto por la destrucción, como cuando quemaba los soldados de plástico o aquella explosión que rompió una taza de baño, me refiero a muchas rupturas involuntarias cada que abría una botella de sidra el año nuevo conseguía romper una copa con el tapón, también me tocó quebrar la pieza de cerámica para colocar el jabón del baño, o el pestillo para asegurar el zaguán al piso, una vez tropecé con él y terminó doblado, la marca en mi rodilla desapareció a los dos días.

Dos ediciones de Rayuela de Cortázar se deshicieron en mis manos tras la lectura, eran ediciones baratas pero creo que es exagerado que solamente hayan aguantado una lectura, el único estéreo de auto que compré solamente duró un par de canciones de un cassette de mi amigo Felipe, mientras se escuchaba una canción de Víctor Manuel —nada sabe tan dulce como tu boca— se descompuso negándose a tocar cassettes, y el radio solamente agarraba una estación aleatoriamente debido a esto una ocasión en que escuché un concurso de radio, encontré un teléfono para llamar, entró la llamada —algo inusitado— pero jamás supe la estación a la que llamé así que no pude recoger mi premio; en ese mismo coche —Napoléon— durante el tiempo en que tenía que cambiar constantemente las llantas porque ya se les veía el aire, degollé 2 birlos. En otra ocasión, también cambiando llantas, pero esta vez de un volkswagen, barrí una cruceta lo que me obligó a comprar otra de mejor calidad pero que luego de intentar de nuevo se desprendió todo el cromo de la misma. No puedo dejar de mencionar que rompí el posicionador del espejo lateral —hecho de metal—, también rompí una manija para subir el vidrio y estrellé el parabrisas un día que le di un pequeño golpe.

Muchos de estos incidentes son por impaciencia, lo reconozco, pero no dejo de pensar que existe un elemento extra, digo al abrir las cajas, envases, o cualquier envoltorio, al menos cuando son regalos creo que tengo la prerrogativa, pero con todo y eso puede terminar en un accidente desafortunado para mí si llego a dañar el contenido.

Los aparatos electrónicos no han tenido mejor suerte, el primer adaptador bluetooth que compré para la pc era algo parecido a la foto de abajo, venía en una caja delgada que rompí para sacarlo, no me di cuenta de que traía un cd pequeño dentro de la caja y terminé partiendo el cd accidentalmente, he terminado con varios teclados, con 4 controles de playstation unos 4 joysticks, innumerables mouses, he incluso con desarmador philips de cruz al atornillar un disco duro y que @DarthTrivious está como testigo del corte limpio.

Todos estos incidentes —y los demás que quedaron en el tintero— han sido involuntarios, eso no quiere decir que disfrute la destrucción como la vez que me tocó destruir un auto con un hacha o en un diciembre lejano cuando pude destruir una casa de madera para hacer una fogata durante un concurso de piñatas —con toda la facilidad que tengo para las artes plásticas— en la que con mucha imaginación conseguimos hacer un pac-man.

Creo que esta fascinación se debe a que pone en evidencia la fragilidad de las cosas, que hace manifiesta la segunda ley de la termodinámica cuando algo se destruye nos recuerda que las cosas nunca serán como antes, así es como la vida transcurre. Quizá sí tenga un talento para la destrucción. Todo esto sin hablar de otro tipo de rupturas, sin involucrar corazones, egos o ilusiones. Espero que esto me sirva para poder destruir los lastres que aún llevo.