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caminos de polvo

La muerte siempre es temprana y no perdona a ninguno.
Pedro Calderón de la Barca

Basta detenerse un momento y cerrar los ojos. No es necesario voltear para darse cuenta de todos los que se han ido, incluso aquellos de los que no tenemos conocimiento dejan una estela difusa que se va extinguiendo.

El mundo es diferente en parte por esa ausencia. Todas las cosas que quisiera contarle a mi padre tienen que buscar otros caminos. Las bendiciones de mi tía siguen llegando desde el más allá, quizá ahora tengan otro tipo de aprobación divina. El taller de mi abuelo dejo de ser un remanso de historias, la presencia de mi abuela dejo de iluminar las fiestas.

Pero todo lo que fueron vive en nosotros, al menos estoy seguro de vive en mí. Aún como nachos gracias a Abi, o seguimos mencionando la palabra gelación para referirnos a temas abstractos gracias a Héctor. Es difícil medir impactos como el pésame de un familiar o el hueco que se tiene que llenar por la ausencia de alguien.

Tal vez cada persona es el altar viviente de todos sus muertos.

Luisita

Sin una familia, el hombre, solo en el mundo, tiembla de frío.

André Maurois

Mi abuela materna, Chuchita, nació de un matrimonio de viudos y fue su únca hija, pero hubo varios medios hermanos, su media hermana era Luisa, aunque siempre la llamé Luisita ella se quedó a cargo del cuidado de mi mamá por mucho tiempo, por eso la quería mucho y también por eso fui su consentido.

Recuerdo que su presencia llenaba de paz la casa, o sentía un amor incondicional de su parte, y siempre le dije la verdad, como cuando iba a lanzarme de avalancha al lado de la Johnson y Johnson -ahora el UNITEC- jamás me prohibió nada, solamente me agachaba para que me diera su bendición. Porque era muy pequeña, tanto que ahora me sorprende que en algún momento me haya cargado.

Cuando llegaba de mañana me preparaba chocolate de tablilla, que luego enfriaba pasándolo de una taza de barro a otra, eso con un bolillo recień comprado en la Esperanza, relleno de frijoles de la olla era una delicia no era necesario más, cuando había queso supremos ya era un lujo. Pero cuando llegaba a cocinar bisteces en chile pasilla no podía pedir más, a la fecha es el platillo que más me gusta y más recuerdos me trae. También he mencionado su manera de hacer los frijoles.

Cuando vestía con ropas que exhibían muchos orificios le raclamaba a mi madre que porque parecía pordiosero, aún recuerdo con mucha risa cuando un mendigo se acercó a pedirme y ser arrepintió pensando en que no iba a tener ni para darle -no sexualmente- Cuando iba a salir a enfrentarme a la noche en aventuras riesgosas sentía que su “que Dios te acompañe” en verdad me protegía.

Vivió con nosotros un tiempo, luego de que la atropellaron y su movilidad y su brazo quedaron comprometidos, durante ese tiempo mi hermana y mi madre le racionaban los cigarros pero yo le suministraba todo lo que me pedía, que era casi nada, café (negro) unas doraditas, a veces unos chetos y sus faros. Ella comenzó a fumar a los nueve años enrollando hojas de tabaco, pero desde que la conocí fumaba faros, fue un vicio que conservó toda la vida. Ella decidió nunca casarse, a pesar de tener muchos pretendientes, incluso a mí me tocó ver cómo le rogaban para que accediera casarse aún a sus sesenta años, él le ofrecía algunos ranchos de trigo y alfalfa creo. En su juventud un pretendiente perdió una mano al perseguirla cuando ella se iba en tren, parece que lo citó en otro lado mientras ella se escapaba. También fue ama de llaves del presidente municipal, y encontró en su patio unos centenarios enterrados, de los cuales no tomó ninguno y los entregó , en otra ocasión mientras cuidaba a un enfermo él de dijo que cuando muriera tomara el dinero de su colchón porque a su familia no le importaba, cuando murió pudo ver que el colchón estaba repleto, pero no tomó un centavo. Tal vez ese sea el precio de la tranquilidad.

El día de su muerte le comunicó a mi tía Hortencia que se iba a morir y que le llamaran a Carmen (mi madre) y en cuanto llegó mi tía murió. Su muerte fue el principio de muchas otras muerte que me impactaron, dos de ellas ocurrieron en el mes siguiente. Al ver su rostro plácido en el ataúd supe que estaba tranquila, que no tenía pendientes, además yo también me sentía tranquilo sin importar que supiera que la iba a extrañar muchísimo, a la fecha.

Creo que extraño el sentirme protegido y amado incondicionalmente, creo que perdí esa seguridad de poder contar lo que sea y saber que iba a ser escuchado y bendecido al final sin importar lo que dijera, si nada de lo que hiciera cambiara el amor que me tenía, tal vez desde entonces siempre he tenido reservas. Tiempo de cambiar.

 

 

 

 

 

Estirpe

Fruta Verde
...
Sabor de fruta verde 
de fruta que se muerde 
de carne y de manzana del bien y del mal. 
Yo tengo la culpa de que tú seas mala 
boca de chavala que yo enseñé a besar
-Luis Alcaraz.
 

Mi estirpe chilanga viene de mi abuelo paterno, los otros son originarios de Salamanca ciudad del Tepetate y sede de la más grande refinería de México. También está llena de cantinas y José Alfredo le daba la vuelta porque ahí lo hería el recuerdo.

Mi bisabuelo fue el primero en la sucesión de familiar con mi nombre. Su oficio era peluquero, pero era casanova de corazón (¿de dónde más?) y por un amor problema de faldas, en realidad era un problema de celos violentos fue asesinado afuera de su lugar de trabajo, eso no solamente lo mató, le rompió el corazón a mi bisabuela. La súbita  orfandad de mi abuelo lo obligó a trasladarese a Michoacán, donde fue aceptado por la rígida educación de una tía rígida y  parca con sus demostraciones de amor.

Pero él regresó a la ciudad de México y se dió el lujo de recorrerla en hasta sus límites cuando más allá de San Lázaro no había mucho.

Y también abrazó la vida nocturna, y cada que comenzaba una tertulia en una cantina advertía que, si la iban a seguir después de la salida del último camión, sería hasta el amanecer, cuando comenzaran a salir los camiones nuevamente.  Y en una de esas amanecidas brindó con José Alfredo, sí con musicalizador de tantas borracheras, en una cantina en Santa María la Ribera.

Entró de aprendiz de zapatero y llegó a convertirse en maestro del oficio, que ocupó toda su vida, él me hizo los zapatos más cómodos que he usado, y también yo recibí el último par que hizo, justo antes de morir. Los dos pares eran de color azul.

Compró un automóvil con sus amigos para pasear por el bosque de Chapultepec y cuando se detenía echaban a la suerte el que tenía que bajar para arrancarlo porque todavía usaba cran. nadie quería quedar mal frente a las damas.

Antes de llegar a su primer cuarto de siglo se enamoró de mi abuela, una bella dama acomplejada por la oscuridad de su piel, viviendo bajo el techo de mi bisabuela que era una excelente cocinera, que así como manejaba la cocina podía manejar toda la familia, ella era la que mandaba sin importar que su esposo fuera un soldado, que algunas veces olvidaba la carabina por su afición al pulque.

Los escasos 15 años y la antipatía de los suegros fue un problema que no tenía una solución simple. Tomó el único camino, se robó a mi abuela, pero él era un caballero, así que fue a “depositarla” en casa de su madrina hasta que se realizara la boda.

Se casaron y tuvieron 3 hijos en 4 años, el primogénito fue mi papá, la necesidad de un lugar mayor era imperante, para resolverlo tuvo que vivir en casa de sus suegros mientras edificaban la casa, en la que el trabajó incesantemente, ese fue un período muy difícil para él. Trabajaba doble turno, con los zapatos para la manutención y de albañil para terminar su casa mientras era humillado constantemente por su suegro, pero se tragó todo para darle una mejor vida a su familia. Luego vendrían 2 hijos más.

Él se esmeraba en hacerla feliz, era diligente con la administración, y cocinaba muy bien. Dejó de ir al cine que tanto le gustaba, solamente iba cuando nos llevaba, demostraba su afecto a los nietos individualmente, conocía sus gustos, alegrías y tristezas.

Ayudó a mi abuela a terminar su primaria aunque él mismo no pasó de segundo , le ayudó con las actividades que emprendía como la costura, y jamás dejó que ella contribuyera con el presupuesto familiar. Había una grabación (espero que todavía exista) en un cassette cantando “Fruta Verde” que le dedicaba a ella.

La historia hubiera sido mejor si ella lo hubiera amado y no se hubiera casado con él solamente para salir de su casa.