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toco sin ver

Sin riesgo no se hace nada grande y memorable.

Terencio

La viuda se juega con una baraja americana, generalmente cuando hay más de tres personas y generalmente hasta 9 —hay variantes con 2 barajas pero requieren cuidado— y es una variante de póquer donde el objetivo del juego es no perder. Se reparten 3 tókens/fichas/frijoles que serán como el número de vidas pero que se les llama hijos  —se les llama así quizá por su carácter finito e irremplazable y porque terminan yéndose– y en cada ronda se reparten cinco cartas a cada jugador y se reparten cinco al centro —ese conjunto de cartas es llamado la viuda, hay que recordar que uno reparte cartas a la viuda antes que a uno mismo— entonces la persona que esté a la derecha del que repartió las cartas comienza.

Cada persona puede elegir entre: pasar (i.e. no hacer nada), tocar (los jugadores tienen un turno más y acaba el juego), cambiar todo el juego (dejando sus cartas boca arriba) o, en caso de que alguien haya cambiado antes todo el juego puede cambiar solamente una carta, el perdedor tiene que poner en el centro uno de sus hijos, el número de hijos representa la carta que será el comodín.

El juego lleva mucho más de suerte, pero existe una estrategia basada en observar a los demás jugadores, y no solamente hablo de prestar atención a las cartas que cambia —que toma y que deja— también si tiene la mirada fija en alguna carta, si hace algún gesto cuando alguien toma una carta, o el tiempo que tarda en decidir su movimiento.

Algunas personas se emocionan con juegos altos, gastando su fortuna en pequeñas batallas, otros se quejan de su mala suerte, algunos más se lanzan como buitres a las cartas, lo que tienen buen juego respiran tranquilos, algunos demasiado ufanos, ansiosos de mostrar lo que les tocó. Algunos tocan más que otros y generalmente se escucha una queja inmediatamente después. Es un juego divertido, no tan esforzado.

Cuando el que se sienta a mi izquierda reparte invariable mente hago la misma jugada: toco sin ver las cartas. Algunos se preguntan la razón detrás de este comportamiento, existen diferentes teorías al respecto:

Unos dicen que confío demasiado en mi suerte, que soy una persona afortunada y que eso se va a manifestar en el resultado de las cartas. Otra teoría afirma que tengo ciertos poderes para manipular las cartas, para mover el universo, que ese es el motivo de mi usuario de twitter. Otros piensan que es simplemente cuestión de probabilidad, También podría ser que no me gusta el juego y quiero que se acabe más rápido; quizá el juego que me toque sea algo equivalente a una tirada de tarot a una muestra del estado del universo.

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Claro que también existe la posibilidad de que todo o nada sea cierto.

la segunda ley (instrucciones para el fin del mundo)

Un loco tira una piedra al agua, diez sabios no la pueden sacar

Proverbio rumano

Recientemente he escuchado muchas personas quejándose de las reglas o las circunstancias que los rodean, como si el universo los convirtiera en víctimas sin escapatoria, como si no se pudiera hacer nada, como si tuvieran una memoria vacía y una fe quebrada, no hay peor prisión que la que se forma de circunstancias aceptadas con resignación.

¿Cuántas veces las palabras de nuestros padres, maestros o figuras de autoridad se convierten silenciosamente en leyes no escritas que aceptamos sin pensar y dictan nuestro comportamiento? Vivimos convencidos de que la letra con sangre entra, que quien bien te quiere te hará sufrir o que al que madruga dios lo ayuda. Y tantas frases que pueden tener un origen razonable pero que cuando las vivimos sin razonarlas nos impiden ver nuestro entorno de otra manera.

Cuando se trata de las leyes legisladas el pueblo mexicano tiene una arraigada costumbre de acatarlas pero no obedecerlas, quizá forjada durante la colonia cuando el rey se encontraba del otro lado del océano sin poder de vigilancia, la prohibición de producir seda, vino o naipes no fue observada eso no es muy lejano de la abundante venta de discos pirata, alcohol adulterado o documentos apócrifos actualmente, en ese sentido las leyes se ignoran olímpicamente sin que les quite el sueño.

Cuando se trata de las leyes físicas pareciera que son rígidas e inamovibles que además cae el peso de la ciencia y la historia, pero un vuelo en avión es apenas doblez de la gravedad, tenemos aire acondicionado para desafiar a la temperatura y algunas partículas que desafían la velocidad de la luz. Cuando se rompen las reglas en otras esferas también resulta interesante como el sonido 13 en la música o la cuarta pared del teatro, esas rupturas son una nueva oportunidad, es alentador ver nuevos caminos o posibilidades.

Logré romper varias reglas —muchas de etiqueta—, retorcer algunas como en los juegos y el lenguaje, y abrir nuevos caminos debo confesar que también he estado atrapado en barreras que se filtraron en mi inconsciente que me llevaron a tomar posturas demasiado rígidas respecto, por ejemplo, a mi resistencia, pensando que podía aguantar más que cualquier otra persona y actuando en consecuencia, muchas veces en detrimento de algún aspecto de mi persona. También he dado un peso exagerado a la justicia al punto de tener una paciencia infinita y una confianza que muchas personas consideran inadecuada y hasta peligrosa. Yo vivía haciendo múltiples actos de equilibrismo, si bien tengo mucho tiempo que intento vivir asimétricamente la verdad es que hay dos fuerzas dentro de mí —batman y el arcángel— de las que olvido su existencia y que, constantemente, buscan equilibrar los actos de su opuesto como si por cada fuego tuviera que pagar la emisión de carbono correspondiente, como si tuviera que dejar inalterado el equilibrio decadente del universo.

Es como si estuviera indeciso entre el deber y mis deseos, con un sentimiento enterrado que me impulsa a elegir el primero invariablemente, como si al descubrir esos anhelos me sintiera expuesto y lleno de culpa, una prisión que no me dejaba volar.

Quizá he tomado un papel que no me corresponde tratando de mejorar el universo, lo que es un error garrafal porque el mundo se va a desmoronar, tal vez no en la fecha prevista por los mayas, pero de que va a valer madre no tengo duda, así que no debería gastar energías en perseguir sueños ajenos, sin antes atrapar los míos que parecen inalcanzables y esa es la regla más difícil de romper.

Entropy

La suerte ha sido echada

Esta que llaman por ahí Fortuna es una mujer borracha y antojadiza, y sobre todo, ciega, y así no ve lo que hace, ni sabe a quien derriba.
Miguel de Cervantes Saavedra

Esta entrada es acerca de la suerte es la número 52 que es el número de cartas que tiene una baraja francesa —sin comodines— y creo que el número es apropiado. El tema surgió como una promesa y es un tema que me atrapó desde hace mucho tiempo, lo llevo en el corazón y lo vivo día a día. El origen de la palabra es el latín sors, pero lo importante es que el significado subyacente es premio, destino o la respuesta del oráculo. ¿Acaso hay algo más hermoso que una respuesta del oráculo?

Comienzo con la frase de que mañana será otro día, no solamente cada mañana será otro día, sino cada instante puede ser uno nuevo, y el universo se ve afectado con cada movimiento que hacemos, esto lo aprendí jugando brisca: cada carta tirada de manera subversiva puede desviar una mala racha o traer un arlequín al estilo de Nabokov; es como si la suerte tuviera inercia así como el movimiento, como si la primera ley de Newton valiera para las rachas de suerte, al menos así parece, basta darle un vistazo a las supersticiones del béisbol.

La siguiente lección la aprendí en el dominó: hay que jugar con las fichas que nos toca y, salvo rarísimas excepciones, es posible ganar en cada juego. Una vez que fueron repartidas no vale la pena ni siquiera quejarse del juego que nos tocó ya que lo único que logramos el alertar al rival. Hay muchas posibilidades y cada juego es una oportunidad, no muy distinta de lo que nos ofrece la vida en cada instante.

Afortunado en el juego, desafortunado en el amor, esta frase es una trampa, que funciona muy bien porque te obliga a escoger conscientemente entre una u otra cosa y cuando renuncias a una y esperas recibir la otra, generalmente lo recibes. Es muy parecido a pensar que tienes mala suerte, a esperar que salga letra cuando tienes todos los números.

Tengo dos tíos que tienen visiones contrarias respecto a su suerte, uno piensa que tiene la peor suerte del mundo, además como es mi padrino durante mucho tiempo asumí que compartía algo de su suerte, hasta competíamos por ver quién tenía peor suerte, eso no le impide que juegue MELATE cuando la bolsa acumulada es suficientemente grande porque, según sus palabras, “La suerte solamente se va a descuidar una vez con él, y mejor que sea con un premio que vale la pena”. Otro tío que ya he mencionado aquí, cree que tiene la mejor suerte del mundo —yo he visto que le toquen 7 fichas del mismo número en el dominó— pero ambos han obtenido el mismo número de premios del MELATE, así que éste último no es un buen indicador al respecto de la suerte.

También abordé el problema desde la perspectiva académica, parte de mi carrera pasé estudiando probabilidad y algunos tópicos más específicos llevé un seminario de aleatoriedad que disfrutaba muchísimo, pero entre más estudiaba al respecto me daba cuenta de el estudio se limitaba a una descripción y la identificación de patrones subyacentes, pero que el quid del asunto escapaba de su esfera de estudio. Y que la combinación de ese conocimiento con otras disciplinas me serviría mucho más para entender en verdad el asunto.

En algunos juegos de dados, en la frontera entre el oriente y el occidente, las personas actúan como si el ganar en los dados fuera parte de la voluntad, que conseguir un número en particular es una lucha de fuerza entre las voluntades de los jugadores. Ya le enseñé a un amigo esta técnica para jugar con los dados, él comprobó que es posible pero que requiere entereza.

Todas las artes adivinatorias se basan en la idea de que el objeto a analizar —las grietas de un caparazón de tortuga hechas por un golpe con un acero incandescente, tres monedas, las cartas del tarot, las hojas de té, el fondo de la taza de café, las runas, las ramas de milenrana, la forma del fuego, las imágenes en el agua, los sueños— está impregnado por el estado del universo en ese momento. Así es como se adivina.

Mi única creencia religiosa es esa, que el universo está conectado, así que las acciones que tomamos tienen que ver con todo, en especial con la suerte, que yo creo que depende de nuestro punto de vista y la voluntad. Algunas veces me gusta pensar en que vivimos una lotería.