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arena y sol

Pero yo iré, aunque un sol de alacranes me coma la sien.

Federico García Lorca

Antes no me llevaba muy bien con el sol, a pesar de que está a casi 150 millones de kilómetros y su luz tarda más de 8 minutos en llegar, solía decir que me iba a hacer muy feliz el día que se apagara. No solamente porque soy una persona nocturna sino porque tuve un inconveniente durante los viajes a playas.

Quizá la primera vez que fui el sol no fue mi principal preocupación, porque fue justo después de ver la película tiburón, entonces estaba demasiado preocupado por tener un encuentro fatal con ese villano spielgberiano que me mantuvo en la orilla del mar, además como no sabía nadar tuve que quedarme en la alberca infantil. Al final del viaje terminé lleno de raspones por aventarme a tan baja profundidad, pero sin quemaduras de consideración.

Fue la segunda vez que fuimos de viaje, donde además mi madre se empeñó en llevar a su perrita que tuve mi primer encuentro real con el sol. Ya había aprendido a nadar pero desconocía totalmente la función del famoso factor de protección solar y los estragos que podía ocasionar la exposición durante largo tiempo al sol, luego de unos días mi espalda estaba encendida, tenía ardor, comezón y dolor, pero lo peor de todo era que no me podía recargar en ningún lado, me tocaba dormir en un sillón que parecía cubierto de lijas y la me la pasé mojando una toalla para ponérmela en la espalda. Juré que no me volvería a pasar.

Las siguientes visitas fui muy cuidadoso, caminando siempre por la sombrita, jamás he buscado un bronceado porque es evidente que soy de la raza de bronce. Pocas veces utilicé bloqueador, procuraba usar prendas, sombreros o disminuir la exposición al sol para cuidarme, aunque la mejor estrategia consistía en salir cuando la posición del sol fuera favorable, es decir, de noche, donde además la oscuridad lo torna la mejor hora para salir a celebrar.

Una de esas salidas ocurrió durante una semana santa, mis actividades diurnas se limitaban a beber cerveza en la playa bajo una sombrilla y nadar en moderadas cantidades, además del nado solamente me quité la playera en una ocasión para detener el tráfico de la costera; cabe señalar que ese fue un viaje de bajo presupuesto y el alcohol era más valorado que el bloqueador. Pasé toda la semana sin ninguna quemadura, bueno si me quemé un par de veces pero n por el sol y los únicos daños fueron a mi reputación.

Hubo un par de viajes con los del 26 -los Mendoza- en el primero vimos la película de It durante el camino, fue un viaje con muy poca actividad diurna, apenas comer una mojarritas y un viaje al super por provisiones entre las cuales había un galón de jugo de naranja que al parecer tenía algún ingrediente natural porque se echó a perder.  La segunda vez me fui manejando, me di cuenta de que el sol iba a estar fuerte justo al llegar y darme cuenta que mi brazo izquierdo estaba enrojecido por el sol, por manejar solamente con una mano. En el carro venían mi compadre, los hermanos cuyo apellido coincide con el nombre de este blog —por favor nadie piense que son los hermanos herencia— bueno pues eran el Chacal y el Dida, este último fue el encargado del llevar el bloqueador solar y cumplió llevando uno de factor de protección solar del 2, como si fuera lápiz para examen, bueno pues con esa protección bien podría ir a las playas de mercurio. Hasta me animé a echar una cascarita en la arena, donde por cierto el equipo veterano fue el vencedor. Y el sol no hizo estragos.

En las últimas vacaciones me tocó un sol generoso y yo dejé que me bañara inmisericordemente, pero disfrutándolo, algunas veces en la playa, otras nadando, algunas días usé la crema con protector solar, pero al final sí me quemé, y ahora voy dejando la piel de mi espalda por todos lados pero en esta ocasión no hubo ardor. Y este cambio de piel será como dejar todo atrás para comenzar otra etapa.

Vacaciones

¡Oh memoria, enemiga mortal de mi descanso!

Miguel de Cervantes Saavedra

Mi familia materna se dedicaba al negocio de la costura, las prendas que eran vendidas en mercados como Tepito, Tacuba, Mixcalco y diciembre era el mes más ocupado de todos, no había días de descanso sino hasta después de reyes; el 31 después del trabajo iban a comprar la cena al mercado de Garibaldi, pozole o birria era la elección para la cena, que normalmente tardaba un poco más porque ¿cómo resistirse a unas copas en Garibaldi?

No solíamos vacacionar en diciembre, pero invariablemente íbamos a San Juan de los Lagos a finales de enero, es un viaje tradicional de mi familia materna, comienza en Salamanca -tierra natal de mis abuelos- pasa por León – justo en la fiesta- y termina en San Juan, yo lo caminé un par de veces, aunque usted no lo crea. Durante la primaria faltaba esos días olímpicamente, al menos dos semanas de vacaciones, la vez que tomé un poco más me echaron de cabeza, esa es la desventaja de tener a mi prima en el mismo salón. Después fue diferente, en la secundaria tuve un récord casi perfecto, empañado solamente por un retardo. Durante la prepa ayudaba en el puesto de ropa de mi familia en pericoapa, no hubo vacaciones, solamente desvelos durante las posadas. En la Universidad fue distinto, esas sí eran épocas de descanso, solamente que el dinero era tan poco que no alcanzaba para ningún viaje así fuera al pueblo más cercano. La única excepción fueron unos días en Taxco que sirvieron como ocaso a mi relación más duradera.

Ya en el trabajo corporativo opté por no salir de vacaciones esos días, prefería quedarme en la oficina, en las mañanas el tráfico era menos,  salía de vacaciones con mi esposa la semana justo después del 12 de diciembre, siempre con muchos peregrinos en el camino. Y ahora que me mudé a São Paulo he trabajado en proyectos, entonces es más fácil tomar vacaciones el fin de año. En esta ocasión fue la que más días de vacaciones he tomado -la huelga de la UNAM no cuenta.

Ocurrieron muchas cosas durante las vacaciones, tantas que no necesitaba terminar esta entrada antes de continuar con otra cosa.

Primero quisiera agradecer la hospitalidad recibida, es la segunda vez que recibo su hospitalidad, su casa ha sido escenario de muchos momentos felices y también de momentos difíciles, así es como se van forjando las amistades. Me siento como en casa, no solamente me siento cobijado por la ciudad, también por los amigos, esta vez podía sentir algo extra en el ambiente.

La navidad la pasé con mi primer sobrino, ha sido toda una experiencia tener un nuevo integrante de la familia tan cercano, su llegada fue en contra de todo pronóstico y le dio una nueva perspectiva a mi hermana, la veo feliz y me da mucho gusto, ahora le toca crecer de otra manera.

El fin de año fui a Playa del Carmen, a visitar un amigo gitano -Lalit- y a una amiga coincidente -July- durante esa estancia ocurrieron un par de cosas extraordinarias: logré apagar mi centinela y pude finalmente deambular sin estar al pendiente de todo, relajarme y fluir aleatoriamente, fue algo muy liberador; por otro lado conseguí descargar completamente mi pila, al menos eso es lo que recomiendan en los demás aparatos, para evitar el efecto fantasma. Y por si fuera poco me divertí un chingo.

Regresé para ser padrino de bautizo de una ceremonia armada al vapor, fue una fiesta emotiva en la que no me alcanzó el tiempo para hablar con todos, hubiera querido dejarles más a mi familia y amigos, es la segunda vez que soy padrino y esta vez no tuve que hacer examen de admisión.

Resumiendo: durante estas vacaciones tomé 3 bebidas verdes  y alcohólicas, tomadas en tiempos y formas distintas, los sabores fueron muy variados y en todas las ocasiones me remitieron a la vez anterior que las consumí, las cosas han cambiado tanto desde entonces.  Dupliqué mi número de ahijados, sin menoscabo del cariño, muy al contrario creció. La peor parte es que todo parece indicar que perdí una amiga muy querida y lo peor es que desconozco la razón.

Y finalmente, aunque no en importancia, descubrí lo mucho que estraño mi amada tierra, la fuerza con la que me llama y lo difícil que es mantenerte lejos de tus afectos, es evidente que estoy a una distancia que solamente me permite contemplar lo que pasa, que he estado viviendo dividido, con mi corazón en un lugar y lo demás en otro lado. Pero eso no me va a detener, no me voy a regresar -y ya tengo oferta- por un síndrome del Jamaicón, esta difícultad es parte de crecer, de evolucionar; sin embargo hay una extraña sensación que no me abandona de esas veces que sabes que no volverás a ver a alguien.